La Intimidad y Sus Diferencias / Intimacy and Its Differences

–por Diane Musho Hamilton  (Feb 23, 2018) [English below]

Tami Simon: Quería leer una cita de tu libro que realmente me llamó la atención: “Hay un límite incorporado a nuestra intimidad y confianza porque rehuimos de reconocer la verdadera profundidad de nuestras diferencias”. Mientras leía esto, estaba pensando en todo tipo de relaciones, incluso nuestras relaciones más íntimas con amig@s y nuestr@ espos@, y que puede ser aterrador para la gente reconocer, en serio, la verdadera profundidad de las maneras en las que somos diferentes. Quería que platicáramos un poco sobre esto. ¿Por qué es esto tan aterrador? ¿Por qué nos sentimos tan amenazad@s sólo porque alguien en nuestro círculo es diferente?

Diane Musho Hamilton: Hay diferentes tipos de niveles con los que podemos explorar o mirar esta pregunta, Tami. Uno es desde un punto de vista espiritual donde la separación y la experiencia de la división es la experiencia del sufrimiento. Entonces, cuando nos sentimos separad@s, desconectad@s, cuando esa desconexión conduce al conflicto, cuando ese conflicto conduce a la distanciamiento, cuando los distanciamientos conducen a injusticias o cuando todo esto se suma a una opresión, eso es exactamente lo que es el sufrimiento. Es una diferencia exagerada.

Solo para señalar que nuestro estado natural es el de unión, de coherencia, de estar junt@s y el cuerpo humano de verdad se relaja en circunstancias en las que nos sentimos junt@s. Cuando miras profundamente los ojos de tu pareja y tod@s están relajad@s, o cuando cargas a un bebé y tienes contacto con el bebé, la oxitocina simplemente fluye y se siente muy, muy bien. Tan pronto como experimentamos una diferencia, la adrenalina comienza a gotear, el cortisol, porque cuando hay diferencia, también hay una amenaza.

La otra cosa: podemos ver la diferencia desde una perspectiva etnocéntrica. Básicamente, en el transcurso de nuestra evolución, nuestra supervivencia dependía de la unión en nuestras pequeñas bandas de 15 a 60 homínidos, y que teníamos más probabilidades de ser herid@s o matad@s por un humano fuera de la banda que por otro depredador. Las diferencias en la cultura son, en nuestro sistema nervioso, profundamente equiparadas con la amenaza. Cuando estamos bajo coerción, nos juntamos con aquell@s que son como nosotr@s. Nos movemos profundamente en esa unión y alejamos a cualquiera que sea diferente.

Incluso las diferencias en nuestra familia pueden parecer amenazadoras, diferencias con l@s vecin@s de la calle, que tienen un color de piel dediferente al nuestro y cuya comida huele diferente y cuya música suena diferente a la nuestra. Eso se vuelve más amenazante porque lo que me resulta familiar y asegura mi supervivencia y me ayuda a sentirme en casa, está de alguna manera amenazado por esa diferencia. Esa es en parte de la razón por la que escribí el libro: creo que de alguna manera, hoy en día, prestamos mucha atención a la comprensión de las diferencias y al cultivo de la diversidad, pero creo que no reconocemos suficientemente el sufrimiento que es innato en nuestras diferencias y cuán amenazadoras pueden ser para nosotr@s, particularmente a nivel cultural, nuestras diferencias.

La noción de ser capaz de tolerar nuevas perspectivas o chocar con personas que son diferentes a nosotr@s, ese es el mecanismo por el cual el universo se evoluciona a sí mismo. Por lo tanto, no crecemos si no encontramos diferencias, pero las diferencias básicamente no nos hacen sentir bien. Al principio son emocionantes y después somos muy rápid@s en normalizarlas e integrarlas. Entre más podamos tolerar mirar la diferencia, y reconocer nuestras diferencias, y permitir que estén allí, más ampliaremos nuestro campo para incluir esa pertubación a la homeostasis de nuestro cuerpo-mente. Una mayor atención plena permite más perturbaciones.

No he visto a nadie más que esté hablando al respecto de esta manera. Sé que hay algun@s neurocientífic@s que hablan sobre cómo el cerebro evoluciona de esa manera, creando nuevos y diferentes patrones de sinapsis y redes, y que a medida que se integran, así es como de verdad evoluciona el cerebro. He oído esto. Escuché a Ken Wilber hablar sobre el tema con el universo. Pero creo que es verdaderamente importante que lo comprendamos en la intimidad más profunda.

Entonces, puedo ser más íntima contigo si de verdad cultivamos lo mismo, pero si también creamos un lugar para las maneras en las que nuestra experiencia es muy diferente. No es simplemente estar de acuerdo en estar en desacuerdo. Sino permitir que esa separación informe y sea parte de nuestra relación.

–Diane Musho Hamilton. Pasaje de la entrevista El poder evolutivo de la comunicación con atención plena, con Tami Simon publicada en el DailyGood. [Foto de  La Foto del Día de Astronomía.]

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You Are One Of Us

–by Steve Karlin (Feb 15, 2018)

Steve Karlin [SK]: When I’m talking, I’m trying to be in my place in the center. Now, I’m aware of all my [hand]shaking going on. But when I’m trying to communicate, I’m not aware of it at that point…It just really keeps reminding me that I have to be reflective of what’s really going on and who I am as a human being. Am I a shell that’s shaking? To some people, yes; to most people, yes. To me, it’s the being inside: all the stories, all the experiences wrapped around that core spark of existence.

Phill Borges [PB]: So, for you, it is just a reminder that we really aren’t in control?

SK: Yes, and that we have to stop spending our lives trying to be in control. I’m not saying don’t be a powerful person and do wonderful things in this world, instead, just lie there and be a schmuck in the middle of a forest. But realize that we are only on this Planet for a very short period of time. We are not this shell. This is the story we have made up in our minds, of who we are. Because, beyond all of our personality, there is something in here that is connected with everything in existence on this Planet, and if we can become aware and conscious and part of that…And this is why people do meditative practices; there is such an experience of oneness that you can’t put into words. It’s the language before words, the language after words; it’s the language of existence. And to be experiencing that oneness of all living things is the epitome of being a human being.

The indigenous cultures, they have all these stories about spirits of the forest, spirits of the trees. How else can you relate it? You can’t put it into words. So, you have this incredible experience with trees and forests and this connection when you know certain tree saps save your life…If you are living in the forest, and that tree saved your aunt, and you made something out of this flower, and it saved your mother, those trees are holy; those trees are sacred. They are sacred because they have such an affinity, such a relationship with you. So how should we treat that flower, if it saved our relative, a human being?

PB: With a lot of reverence.

SK: Yeah! How should we treat the forest that provides a carbon sink and oxygen, and plankton that provides all this green algae? All this stuff is sacred because of our relationship with it—it keeps us alive… Continue reading

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La Claridad No Tiene Miedo / Clarity Has No Fear

–por Margaret Wheatley  (Feb 08, 2018) [English below]

Querer ver claramente es un verdadero acto de valentía. Abrir nuestro corazón y nuestra mente, estar abiert@s a lo que la vida nos ofrece en este momento, requiere un tremendo valor y firmeza.

Al abrirnos, encontraremos la información que habíamos desechado, los mensajes que no quisimos oír, las ideas que habíamos rechazado, la gente que habíamos hecho invisible.

Nuestra apertura también invita a las emociones penetrantes como la pena, la tristeza, el amor, la compasión.

No creamos el espacio de visión clara con nuestros métodos habituales. Sin questionarnos, sin análisis, sin distinciones. Simplemente permanecer como testigos de lo que está presente. Cuanto menos clasificamos, juzgamos, categorizamos o distinguimos, más vemos y sentimos.

Sin nuestros filtros y límites habituales, dejamos de sentirnos rechazad@s o amenazad@s o asustad@s. Descubrimos que somos mucho más grandes que nuestros límites habituales. De hecho, somos lo suficientemente grandes como para aceptarlo todo.

Y es maravillosamente cierto que, cuanto más abiert@s estamos, menos miedo está presente. El miedo hace un buen trabajo al mantenernos alejados de estar en el presente abordándonos con pensamientos sobre lo que puede ocurrir en el futuro, o lo que parece que ocurrió en el pasado.

Pero en este momento presente, no encontramos el miedo por ningún lado. Ver claramente no tiene ningún miedo. Estamos en este preciso momento libres del agarre hipnotizador del miedo.

Para estar libres del miedo, solamente necesitamos estar presentes en el momento. Y entonces podemos ver claramente.

— Margaret Wheatley es una escritora y consultora que estudia el comportamiento organizacional. Este texto está sacado de su libro Perseverancia. [Pasaje escogido de Awakin. Foto de  La Foto del Día de Astronomía].

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Words Make Worlds

–by Robin Wall Kimmerer  (Jan Feb 01 2018)

Writing as an indigenous plant woman I might say, “My plant relatives have shared healing knowledge with me and given me a root medicine.” Instead of ignoring our mutual relationship, I celebrate it. Yet English grammar demands that I refer to my esteemed healer as it, not as a respected teacher, as all plants are understood to be in Potawatomi. That has always made me uncomfortable. I want a word for beingness. Can we unlearn the language of objectification and throw off colonized thought? Can we make a new world with new words?

Inspired by the grammar of animacy in Potawatomi that feels so right and true, I’ve been searching for a new expression that could be slipped into the English language in place of it when we are speaking of living beings. Mumbling to myself through the woods and fields, I’ve tried many different words, hoping that one would sound right to my leafy or feathered companions. There was one that kept rising through my musings. So I sought the counsel of my elder and language guide, Stewart King, and explained my purpose in seeking a word to instill animacy in English grammar, to heal disrespect. He rightly cautioned that “our language holds no responsibility to heal the society that sought to exterminate it.” With deep respect for his response, I thought also of how the teachings of our traditional wisdom might one day be needed as medicine for a broken world. So I asked him if there was a word in our language that captured the simple but miraculous state of just being. And of course there is. “Aakibmaadiziiwin,” he said, “means ‘a being of the earth.'” I sighed with relief and gratitude for the existence of that word. However, those beautiful syllables would not slide easily into English to take the place of the pronoun it. But I wondered about that first sound, the one that came to me as I walked over the land. With full recognition and celebration of its Potawatomi roots, might we hear a new pronoun at the beginning of the word, from the “aaki” part that means land? Ki to signify a being of the living earth. Not he or she, but ki. So that when the robin warbles on a summer morning, we can say, “Ki is singing up the sun.” Ki runs through the branches on squirrel feet, ki howls at the moon, ki’s branches sway in the pine-scented breeze, all alive in our language as in our world. […]

The ecological compassion that resides in our indigenous languages is dangerous once again to the enterprise of domination, as political and economic forces are arrayed against the natural world and extractive colonialism is reborn under the gospel of prosperity. The contrast in worldview is as stark today as it was in my grandfather’s time, and once again it is land and native peoples who are made to pay the price.

If you think this is only an arcane linguistic matter, just look to the North Dakota prairie where, as I write this, there are hundreds of people camping out in a blizzard enduring bitter cold to continue the protective vigil for their river, which is threatened by the construction of the Dakota Access Pipeline and the pipeline’s inevitable oil spills. The river is not an it for them—the river lies within their circle of moral responsibility and compassion and so they protect ki fiercely, as if the river were their relative, because ki is. But the ones they are protecting ki from speak of the river and the oil and the pipe all with the same term, as if “it” were their property, as if “it” were nothing more than resources for them to use. As if it were dead.

At Standing Rock, between the ones armed with water cannons and the ones armed with prayer, exist two different languages for the world, and that is where the battle lines are being drawn. Do we treat the earth as if ki is our relative—as if the earth were animated by being—with reciprocity and reverence, or as stuff that we may treat with or without respect, as we choose? The language and worldview of the colonizer are once again in a showdown with the indigenous worldview. Knowing this, the water protectors at Standing Rock were joined by thousands of non-native allies, who also speak with the voice of resistance, who speak for the living world, for the grammar of animacy. Continue reading

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El Amor Libera / Love Liberates

por Maya Angelou  (Enero 24, 2018)  [English below]

Estoy agradecida por haber sido amada
y por ser amada ahora
y por poder amar,
porque esto libera.
El amor libera.
No sólo retiene (eso es ego).
El amor libera.

Cuando mi hijo nació, yo tenía 17 años.
Mi madre tenía una casa enorme, con 14 habitaciones.
Con sólo 17 años le dije: “Me voy”
Ella me preguntó: “¿vas a irte de mi casa?” donde ella tenía ayuda.
Le dije: “Si, encontré trabajo y voy a rentar un cuarto, con acceso a una cocina al final del pasillo y la casera va a ser la niñera.”
Ella me preguntó: “¿te vas de mi casa?”
Y le contesté “si señora”
“¿Y te llevas al bebé?”
Respondí afirmativamente.
Ella dijo: “Muy bien, recuerda esto:
cuando te apareciste en mi umbral de la puerta, fuiste criada.
Ya sabes la diferencia entre el bien y el mal.
Haz el bien.
No dejes que nadie te críe y te cambie.
Y acuérdate de esto:
las puertas de este hogar siempre están abiertas para tí. ”

Fui a casa cada vez que la vida me daba un revés y ma hacía decir, por favor ya no más.
Fui a casa con mi bebé.
Mi mamá nunca insinuó: “te lo dije”
en lugar me decía: “¡Oh, bebé está en casa! ¡Oh mi cariño!
¡Mamá va a cocinarte algo, Mamá va a preparar esto para ti!

Amor.
Ella me liberó a la vida.
Ella continuó haciéndolo.

Cuando mi hijo tenía 5 años
mi mamá lo recogía todo el tiempo y le daba de comer.
Iba a visitarla una vez al mes y ella cocinaba para mí.
Un día fui a su casa y había cocinado arroz rojo, que me encanta.
Después de comer, caminamos por la colina y comenzó a cruzar la calle, cuando  me dijo:
“Espérame un momento, bebé”.
Yo tenía 22 años.
Me dijo “espérame un momento, bebé,
sabes, creo que eres la mujer más grande que jamás haya conocido.
Mary McCleod Bethune, Eleanor Roosevelt,
y mi madre.
Tú estás en esa categoría. ”

Y luego me dijo: “dame un beso”
Le di un beso y me subí al tranvía.
Todavía recuerdo la forma en la que el sol caía sobre los asientos de madera.
Me senté ahí y pensé en ella.
Pensé:
“Digamos que tiene razón.
Ella es inteligente.
Y dice que es demasiado mezquina para mentir.
Así que supongamos que si voy a ser alguien.”

Ella me puso en libertad.
Ella me liberó.
Decir que yo pudiera tener algo en mí
que pudiese ser de valor,
no sólo para mí,

eso es amor.

Cuando estaba al final de su enfermedad,
fui a San Francisco.
Los doctores dijeron que tenía tres semanas de vida.
Le pregunté “¿quieres venir a Carolina del Norte?”
Ella dijo que sí.
Ella tenía enfisema y cáncer de pulmón.
La traje a mi casa.
Vivió por un año y medio.
Y cuando finalmente estaba muy enferma,
estaba con oxígeno, luchando contra el cáncer por su vida,
y fue cuando recordé que ella me había liberado.
Y dije: “Espero ser capaz de liberarla”.
Ella merecía eso de mí.
Ella se merecía una gran hija y se consiguió una.

Así que en sus últimos días, dije,
“Ahora entiendo que algunas personas necesitan permiso para irse.
Según entiendo,puede que ya hayas hecho lo que Dios te mandó hacer aquí:
Fuiste una gran trabajadora.
Debiste haber sido una gran amante porque muchos hombres
y, si no estoy equivocada, tal vez un par de mujeres arriesgaron sus vidas para amarte.
Fuiste más o menos una madre de niñ@s pequeñ@s,
pero fuiste una gran madre de jóvenes adultos.
y si necesitas permiso para irte,
te libero.

Regresé a mi casa
y algo me dijo “vuelve”
Estaba en piyama,
Me subí al auto y corrí.
Y la enfermera me dijo:
“Ella se acaba de ir.”

Ya ves, el amor libera.
No ata.
El amor dice: “Te amo,
te amo si estás en la parte del planeta que llamamos China,
te amo si estás al otro lado de la ciudad,
te amo si estás en Harlem,
te amo.
Me gustaría estar cerca de ti.
Me gustaría tener tus brazos a mi alrededor,
me gustaría escuchar tu voz en mi oído,
pero eso no es posible ahora,
así que te amo.
anda, ve.”

–Maya Angelou. Transcripción del video Karmatube: El Amor Libera.  [Comic creativo de Dharma Comics :-)] Continue reading

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Moral Responsibility To Disobey Unjust Laws

by Martin Luther King Jr.  (Jan 17, 2018)

There comes a time when the cup of endurance runs over, and humans are no longer willing to be plunged into the abyss of despair. I hope, sirs, you can understand our legitimate and unavoidable impatience. You express a great deal of anxiety over our willingness to break laws. This is certainly a legitimate concern. Since we so diligently urge people to obey the Supreme Court’s decision of 1954 outlawing segregation in the public schools, at first glance it may seem rather paradoxical for us consciously to break laws. One may well ask: “How can you advocate breaking some laws and obeying others?” The answer lies in the fact that there are two types of laws: just and unjust. I would be the first to advocate obeying just laws. One has not only a legal but a moral responsibility to obey just laws. Conversely, one has a moral responsibility to disobey unjust laws. I would agree with St. Augustine that “an unjust law is no law at all.”

Now, what is the difference between the two? How does one determine whether a law is just or unjust? A just law is a man made code that squares with the moral law or the law of God. An unjust law is a code that is out of harmony with the moral law. To put it in the terms of St. Thomas Aquinas: An unjust law is a human law that is not rooted in eternal law and natural law. Any law that uplifts human personality is just. Any law that degrades human personality is unjust. All segregation statutes are unjust because segregation distorts the soul and damages the personality. It gives the segregator a false sense of superiority and the segregated a false sense of inferiority. […]

Sometimes a law is just on its face and unjust in its application. For instance, I have been arrested on a charge of parading without a permit. Now, there is nothing wrong in having an ordinance which requires a permit for a parade. But such an ordinance becomes unjust when it is used to maintain segregation and to deny citizens the First-Amendment privilege of peaceful assembly and protest. […]

I must confess that over the past few years I have been gravely disappointed with the white moderate. I have almost reached the regrettable conclusion that the Negro’s great stumbling block in his stride toward freedom is not the White Citizen’s Counciler or the Ku Klux Klanner, but the white moderate, who is more devoted to “order” than to justice; who prefers a negative peace which is the absence of tension to a positive peace which is the presence of justice; who constantly says: “I agree with you in the goal you seek, but I cannot agree with your methods of direct action”; who paternalistically believes he can set the timetable for another man’s freedom; who lives by a mythical concept of time and who constantly advises the Negro to wait for a “more convenient season.” Shallow understanding from people of good will is more frustrating than absolute misunderstanding from people of ill will. Lukewarm acceptance is much more bewildering than outright rejection.

I had hoped that the white moderate would understand that law and order exist for the purpose of establishing justice and that when they fail in this purpose they become the dangerously structured dams that block the flow of social progress. I had hoped that the white moderate would understand that the present tension in the South is a necessary phase of the transition from an obnoxious negative peace, in which black people passively accepted their unjust plight, to a substantive and positive peace, in which all human beings will respect the dignity and worth of human personality. Actually, we who engage in nonviolent direct action are not the creators of tension. We merely bring to the surface the hidden tension that is already alive. We bring it out in the open, where it can be seen and dealt with. Like a boil that can never be cured so long as it is covered up but must be opened with all its ugliness to the natural medicines of air and light, injustice must be exposed, with all the tension its exposure creates, to the light of human conscience and the air of national opinion before it can be cured.

 

–Martin Luther King. Jr. excerpt from his Letter From a Birmingham Jail (April 16th, 1963). Here’s the audio King’s reading of the Letter later.

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Esta Música Nos Creó / This Music Made Us

–por David George Haskell (Jan 11, 2017)    [English below]

Para l@s grieg@s de la época de Homero, kleos, la fama, estaba hecha de canción. Las vibraciones en el aire contenían la medida y el recuerdo de la vida de una persona. Escuchar era, por lo tanto, aprender de lo que perdura.

Puse mi oído en los árboles, buscando este kleos ecológico. No encontré héroes, ni individuos alrededor de los cuales se ancle la historia. En cambio, los recuerdos vivientes de los árboles, que se manifiestan en sus canciones, hablan de la comunidad de la vida, una red de relaciones. Los humanos pertenecemos a esta conversación, como parientes de sangre y miembros encarnados. Entonces, escuchar es oír nuestras voces y las de nuestra familia. […] Entonces, escuchar es poner un estetoscopio en la piel de un paisaje, para escuchar lo que se mueve debajo.

Tod@s (árboles, humanos, insectos, pájaros, bacterias) somos pluralidades. La vida es una red encarnada. Estas redes vivientes no son lugares donde la unidad de benevolencia prevalezca. Sino más bien, son lugares donde se negocian y resuelven las tensiones ecológicas y evolutivas entre la cooperación y el conflicto. Estas luchas a menudo resultan no de la supervivencia de los seres más fuertes y desconectados, sino de la disolución del yo en una relación.

Debido a que la vida es una red, no existe tal cosa como “la naturaleza” o “el medio ambiente” separados de los humanos. Somos parte de la comunidad de vida, compuesta de relaciones con “otros”, por lo que la dualidad humano / naturaleza que vive cerca del corazón de muchas filosofías es, desde una perspectiva biológica,una ilusión. […] Nuestros cuerpos y mentes, nuestra “Ciencia y Arte”, son tan naturales y tan silvestres como lo fueron alguna vez. No podemos salir fuera de las canciones de la vida. Esta música nos creó; es nuestra naturaleza.

Por lo tanto, nuestra ética debe ser una de pertenencia, un imperativo aún más urgente dadas las muchas formas en las que las acciones humanas están desbaratando, reconfigurando y cortando las redes biológicas en todo el mundo. Escuchar a los árboles, los grandes conectores de la naturaleza, es entonces aprender cómo habitar las relaciones que dan a la vida su fuente, sustancia y belleza.

Esta individualidad disuelta ahora en relación, es cómo el árbol de ceibo y toda su comunidad sobreviven a los retos del bosque. Donde el arte de la guerra está tan bien desarrollado, que la supervivencia implica paradójicamente rendirse, abandonando al yo en una unión con l@s aliad@s.[…]

El bosque no es una colección de entidades… es un lugar hecho completamente a partir de los hilos de las relaciones.

 

–David George Haskell. Pasaje escogido del artículo en DailyGood: Las canciones de los árboles. Continue reading

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Honorable Harvest

–by Robin Wall Kimmerer  (Jan 04 2018)

In this season of harvest, our baskets are full, rounded with fragrant apples and heaped with winter squash. So too are the steel shopping carts that clatter across the parking lot, plastic bags whipping in the wind. How do we even name such abundance? Are these commodities? Natural resources? Ecosystem services? In the indigenous worldview, we call them gifts.

We are showered every day with the gifts of the Earth: air to breathe, fresh water, the companionship of geese and maples—and food. Since we lack the gift of photosynthesis, we animals are destined by biology to be utterly dependent upon the lives of others, the inherently generous, more-than-human persons with whom we share the planet.

If we understand the Earth as just a collection of objects, then apples and the land that offers them fall outside our circle of moral consideration. We tell ourselves that we can use them however we please, because their lives don’t matter. But in a worldview that understands them as persons, their lives matter very much. Recognition of personhood does not mean that we don’t consume, but that we are accountable for the lives that we take. When we speak of the living world as kin, we also are called to act in new ways, so that when we take those lives, we must do it in such a way that brings honor to the life that is taken and honor to the ones receiving it.

The canon of indigenous principles that govern the exchange of life for life is known as the Honorable Harvest. They are “rules” of sorts that govern our taking, so that the world is as rich for the seventh generation as it is for us.

The Honorable Harvest, a practice both ancient and urgent, applies to every exchange between people and the Earth. Its protocol is not written down, but if it were, it would look something like this:


Ask permission of the ones whose lives you seek. Abide by the answer.

Never take the first. Never take the last.

Harvest in a way that minimizes harm.

Take only what you need and leave some for others.

Use everything that you take.

Take only that which is given to you.

Share it, as the Earth has shared with you.

Be grateful.

Reciprocate the gift.

Sustain the ones who sustain you, and the Earth will last forever.

Though we live in a world made of gifts, we find ourselves harnessed to institutions and an economy that relentlessly ask, “What more can we take from the Earth?” In order for balance to occur, we cannot keep taking without replenishing. Don’t we need to ask, “What can we give?”

The Honorable Harvest is a covenant of reciprocity between humans and the land. This simple list may seem like a quaint prescription for how to pick berries, but it is the root of a sophisticated ethical protocol that could guide us in a time when unbridled exploitation threatens the life that surrounds us. Western economies and institutions enmesh us all in a profoundly dishonorable harvest. Collectively, by assent or by inaction, we have chosen the policies we live by. We can choose again.

What if the Honorable Harvest were the law of the land? And humans—not just plants and animals—fulfilled the purpose of supporting the lives of others? What would the world look like if a developer poised to convert a meadow to a shopping mall had first to ask permission of the meadowlarks and the goldenrod? And abide by their answer? What if we fill our shopping baskets with only that which is needed and give something back in return?

How can we reciprocate the gifts of the Earth? In gratitude, in ceremony, through acts of practical reverence and land stewardship, in fierce defense of the places we love, in art, in science, in song, in gardens, in children, in ballots, in stories of renewal, in creative resistance, in how we spend our money and our precious lives, by refusing to be complicit with the forces of ecological destruction. Whatever our gift, we are called to give it and dance for the renewal of the world.

–Robin Wall Kimmerer, from the YES! Magazine article Honorable Harvest.

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Nuestro Compromiso Para Sanar / Our Commitment to Healing

–by Julia Butterfly Hill (Jan 30, 2017)    [English below]

No pararon hasta el 23 de diciembre (de 1997). En lugar de los “doce días de Navidad”, tuvimos doce días de motosierras, todo el día, todos los días. Cada vez que una sierra eléctrica cortaba los árboles, sentía que me cortaban a mí también. Fue como ver cómo mataban a mi familia. Y de manera similar en la que perdemos una parte de nosotr@s mism@s cuando fallece un familiar o amig@s, así también perdí una parte de mí misma con cada árbol que caía.

Mi primera reacción fue querer atacar como un animal herido o con miedo. Quería parar la violencia, quería parar el dolor, quería parar el sufrimiento, quería parar a estos hombres que estaban talando la ladera con total desprecio por el bosque y por la gente viviendo en Stafford. Odiaba todo. Incluso me odiaba a mí misma porque estaba asqueada por formar parte de una raza de personas cometiendo tal falta de respeto. Estaba enojada conmigo misma por haber sido parte de esta sociedad por tanto tiempo.

Pero entonces comencé a orar.

Sabía que si no encontraba una forma de lidiar con mi enojo y odio, me abrumarían y me hubiese tragado el miedo, la tristeza y la frustración. Sabía que odiar y atacar de vuelta era ser parte de la misma violencia que estaba tratando de parar. Y entonces oré.

“Por favor, Espíritu Universal, por favor ayúdame a encontrar una manera de lidiar con esto, porque si no lo hago, me va a consumir.”

Esto le pasa mucho a activistas. Las intensas fuerzas negativas que están oprimiendo y destruyendo la Tierra terminan acabando a much@s de ell@s. Están absorbid@s tanto por el odio y el enojo que se quedan vací@s. Sabía que no quería que me pasara lo mismo. En lugar de esto, mi odio tenía que convertirse en amor, amor (ágape) incondicional.

Un día, a través de mis oraciones, una cantidad abrumadora de amor comenzó a fluir a través de mí, llenando el agujero oscuro que amenazaba con consumirme. De repente me di cuenta de que lo que estaba sintiendo era el amor de la Tierra, el amor de la Creación. Todos los días, como especie, hacemos tantas cosas para destruir la capacidad de la Creación para darnos vida. Pero esa Creación continúa haciendo todo lo que puede para darnos vida de todos modos. Y eso es amor verdadero.

Si esa hermosa fuente de Creación de la que tod@s somos parte, puede hacer eso por nosotr@s, entonces yo tenía que encontrarle dentro de mí misma para tener ese sentimiento de amor incondicional, no solo por la Tierra como planeta, sino también por la humanidad, incluso por aquellos destruyendo el regalo de la vida justo en frente de mí. […]

Pronto vino la víspera del año nuevo… “Está bien”, me dije. “Se supone que el año nuevo se trata de propósitos. Entonces, ¿cuáles son los míos?”

Pensé en ello. Los propósitos se tratan acerca de tener un propósito. Así decidí que mi propósito era levantarme como la secuoya y no desistir.

Incluso después de que las secoyas han sido cortadas en el suelo, no se rinden. Al contrario, intentan brotar una nueva vida. Si no están cubiertos con herbicida (utilizado después de una tala para controlar la vegetación, para que no compitan por luz solar con los árboles recién plantados) o quemados con diesel y napalm (una práctica común de “limpieza”), los árboles logran regenerarse.

Las secoyas serían mi guía. Me quedaría en Luna sin importar lo que pasara. […]

Luna se levanta como un símbolo. Un símbolo de todos los bosques antiguos que son estrellados en el suelo, en el olvido, en la extinción, todos los días. Luna representa la esperanza y el amor que siempre vencerá al odio. Ella nos recuerda que no hay que escojer ‘lados’, solo ‘nosotr@s’; que el amor y el odio están dentro de tod@s nosotr@s. Luna nos recuerda que la esperanza de este hermoso y sagrado planeta que nos da la vida y por lo tanto la esperanza de nuestra humanidad, radica en nuestra capacidad de transformar los mayores obstáculos y desafíos en fuerza, resistencia, compromiso y amor. Estas son la esencia de Luna.

Como aprendí en las ramas de Luna, en el momento más poderoso y sagrado de mi vida, la diferencia está en el hacer. Hacemos lo correcto porque es lo correcto, independientemente del resultado. Perseveramos hoy por l@s niñ@s del mañana, porque alguien debe responsabilizar a estas personas. Amamos con todo lo que tenemos, incluso cuando se presentan odio y violencia abrumadores, porque sabemos que el amor en acción es la esperanza para nuestro mundo.

Sí, los símbolos pueden ser atacados, pero lo que representan nunca puede ser destruido. El asalto a Luna (en 2000) es un asalto a lo que much@s en este mundo consideran sagrado y querido. Pero en lugar de debilitarnos o destruirnos, sólo ha servido para fortalecer nuestro propósito. Cuando llegue el momento en que Luna caiga al suelo del bosque, se entregará a sí misma para alimentar nueva vida que crecerá de su regalo, tal como ella creció de un regalo anterior. Sus nutrientes serán parte de un ecosistema que demuestra que un bosque es más que una granja de árboles. Es una relación: simbiótica, importante, hermosa. Lo mismo pasa con nuestro planeta y nuestras vidas. Sí, la herida en Luna y nuestro mundo es profunda. Pero también lo es nuestro compromiso para sanar.

 

–Julia Butterfly Hill de su libro “El legado de Luna: la historia de un árbol, una mujer y la lucha para salvar a las secoyas.” y el epílogo escrito por ella el 1 de enero de 2001. Continue reading

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Open Hands to the Universe

–by Satish Kumar (Dec 7, 2017)

We can go on looking for peace in politics, in materialism, in secterianism. I tell you, we will only find frustration and exhaustion.

There is a story about a musk deer, who has musk in his belly button.  It is a delicious smell, and the deer wonders, where does this smell come from? He wants to find the source of this wonderful fragrance. He runs to the east and doesn’t find it. He runs and runs but cannot reach the source of the smell. Finally, exhausted and exasperated, he falls down. He curls up, his nose comes closer to his belly, and there he smells the sweet smell of musk, and sighs with relief and joy.

We need not run around the world to find our peace, our dignity, our freedom. It is within us. We should understand that peace is a state of mind, a way of being. The experience of peace is rooted within us.”

Maulana Wahiduddin is a Sufi. Like the Celts among Christians, the Kabbalists among the Jews, and the Bhaktas among the Hindus, the Sufis are the mystics of Islam. A long line of Sufi saints have nourished the souls of people through their poetry and songs, which emerge out of their passionate devotion to the Supreme. The presence of the Sacred, the Divine, the Holy, the Eternal is here and everywhere; is now and forever. The Sufis are in love with the Supreme. They seek and find Beloved in every moment of their lives. They drink the wine of love. They are intoxicated with love. They live in ecstasy. For them the Supreme appears in the blossoming flower, the flowing river, falling leaves and shining stars; these are the faces of the Beloved. […]

Sufism has always been a unifying force. The great Sufi master and poet Rumi, born in the part of the Earth we call Afghanistan and brought up in the part if the Planet we call Turkey, is the hero of Maulana Wahiduddin. It was Rumi who wrote:

The Sufi opens his hands to the Universe
and gives away each instant, free.
Unlike someone who begs on the street for money to survive,
a dervish begs to give you his life. […]

Inside the Great Mystery that is,
we don’t really own anything.
What is this competition we feel then,
before we go, one at a time, through the same gate?

 

–Satish Kumar form his book “You Are, Therefore I Am”.

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