La mejor medicina para mi aflicción de crisis climática /The Best Medicine for My Climate Grief

por Perter Kalmus [English below]

A veces una ola de angustia sobre la crisis climática me invade. Ocurre inesperadamente, tal vez durante una presentación de libros, o mientras hablo por teléfono con un representante del Congreso. En un milisegundo, sin previo aviso, siento que mi garganta se anuda, mis ojos arden y mi estómago cae hacia el fondo del planeta.

Por lo general, no me altera el dolor que se manifiesta. Es aclarador. Tiene sentido  y me inspira a trabajar más intensamente. Ocasionalmente, sin embargo, siento algo bastante diferente, una sensación de ansiedad paralizante.

Con lo mucho que podemos perder – el futuro que habíamos imaginado para nuestr@s hij@s; nuestro sentido de progreso; lugares queridos, especies y ecosistemas – la psicología será compleja. Así que contacté a Renee Lertzman para obtener información sobre cómo estamos lidiando con tan grandes pérdidas inminentes. Lertzman es psicóloga y estudia los efectos de la crisis ambiental en la salud mental y es autora de Environmental Melancholia: Psychoanalytic Dimensions of Engagement.

“Hay investigaciones abrumadoras que demuestran que la angustia y la ansiedad relacionadas con la crisis climática están aumentando”, me dijo. “Yo diría que muchas personas están experimentando lo que yo llamaría una forma de ansiedad o temor que está “latente “, en el sentido de que tal vez no estén hablando mucho de eso, pero lo están sintiendo”.

Si estamos sintiendo estas emociones o si sabemos de otr@s quienes están sintiendo lo mismo, sería útil hablar de estos sentimientos. “Lo principal es que encontremos formas de hablar sobre lo que estamos experimentando en un contexto seguro y sin prejuicios, y de escuchar con el corazón abierto. Frecuentemente, cuando surge la ansiedad o el miedo, tod@s queremos alejarlo y enfocarnos a “soluciones”.

Woman Silhouette Walking On Beach. Sunset. Thailand. 2016. Photo by Milamai/Getty Images

Un informe de 2017 de la “Asociación Norteamericana de Psicología” descubrió que el cambio climático está causando estrés, ansiedad, depresión y tensión en las relaciones entre human@s. El peso psicológico del cambio climático puede conducir a sentimientos de impotencia y miedo, y a la desconexión climática. No es sorprendente que l@s afectad@s directamente por los desastres climáticos han aumentado: por ejemplo, después del huracán Katrina, el suicidio en las áreas afectadas se duplicó; la situación en post-maria Puerto Rico es igualmente grave.

Pensar a diario sobre el cambio climático y cualquiera de sus graves implicaciones puede ser una fuerte carga  psicológica. Cada uno de nosotr@s es solo un/a mamífer@, con todas nuestras limitaciones de mamífer@s: nos cansamos, estamos tristes, irritad@s, enferm@s, abrumad@s, y la crisis climática es consecuencia de 8 mil millones de human@s con infraestructura, corporaciones, capital, política e imaginación inter-relacionadas en los combustibles fósiles.

“Es importante recordar que la inacción rara vez se trata de una falta de preocupación: es un sentimiento más complejo”, dijo Lertzman. “Es decir, que los occidentales estamos viviendo en una sociedad que todavía está profundamente arraigada en las prácticas que ahora sabemos que son perjudiciales y destructivas. Esto crea un tipo de situación muy específica: lo que l@s psicólog@s llaman disonancia cognitiva. A menos que sepamos cómo trabajar con esta disonancia, continuaremos enfrentando resistencia, inacción y reactividad ”.

Pero, dijo Lertzman, “debemos tener cuidado de no tener prejuicios o suposiciones sobre otras personas. Incluso si la gente no lo demuestra, las investigaciones demuestran lo contrario. Frecuentemente están en sus mentes estos temas y es una fuente de incomodidad o angustia “. Si tiene razón, tal vez el cambio radical en la acción pública que necesitamos desesperadamente esté más cerca de lo que parece. Sin duda sería útil poder hablar abiertamente sobre nuestros sentimientos hacia el cambio climático.

Las cosas se sienten algo diferente en el presente, tanto porque más personas se están quejando y porque soy parte de comunidades que están tan preocupadas como yo (por ejemplo, mi grupo local de la Presión Política Crisis Climática). Hay más personas en mi vida que hablan abiertamente sobre el cambio climático. Y eso ayuda.

Otra forma de confrontar es simplemente utilizar menos combustible fósil. Esto elimina la disonancia cognitiva interna al alinear mis acciones con mi conocimiento. También provee grandes beneficios adicionales, como más ejercicio de ciclismo, alimentación vegetariana más saludable, más conexión con la tierra a través de la jardinería ,y más conexión con la comunidad a través del activismo y la divulgación pública.

Además, me oriento activamente hacia la esperanza. En la película “Melancolía”, sobre un misterioso planeta en curso de colisión con la Tierra, el protagonista acepta pasivamente, incluso abraza, el apocalipsis. Nada puede detenerlo;   la aniquilación ecológica es inevitable.

El cambio climático moderno es completamente diferente: es 100 por ciento causado por l@s human@s, por lo que es 100 por ciento solucionable por l@s mism@s. Si l@s human@s se unieran como si nuestras vidas dependieran de ello, podríamos dejar el combustible fósil en cuestión de años. Esto requeriría un cambio radical en la sociedad global, y no sugiero que suceda. Pero pudiera ser, y esta posibilidad deja abierto un camino intermedio, algo entre una acción climática radical y una aniquilación planetaria inevitable — un cambio cultural rápido — en el que todos podemos contribuir a través de nuestras conversaciones y nuestras acciones diarias. Y eso provee mucha esperanza.

Peter Kalmus

Extraído de la revista YES

Sometimes a wave of climate grief breaks over me. It happens unexpectedly, perhaps during a book talk, or while on the phone with a congressional representative. In a millisecond, without warning, I’ll feel my throat clench, my eyes sting, and my stomach drop as though the Earth below me is falling away.

Usually I don’t mind the grief. It’s clarifying. It makes sense to me, and inspires me to work harder than ever. Occasionally, however, I feel something quite different, a paralyzing sense of anxiety.

With so much at stake—the futures we’d envisioned for our children; our sense of progress; beloved places, species, and ecosystems—the psychology is going to be complex. So I reached out to Renee Lertzman to gain insight into how we’re coping with such huge impending losses. Lertzman is a psychologist studying the effects of environmental loss on mental health and the author of Environmental Melancholia: Psychoanalytic Dimensions of Engagement.

“There is overwhelming research that distress and anxiety relating to climate is on the rise,” she told me. “Many people, I’d argue, are experiencing what I’d call a ‘latent’ form of climate anxiety or dread, in that they may not be talking about it much but they are feeling it.”

If we’re feeling these emotions or if we know others who are, it would be helpful to talk about them. “The main thing is that we find ways to talk about what we are experiencing in a safe and nonjudgmental context, and to be open to listening. All too often, when anxiety or fear comes up, we all want to push it away and move into ‘solutions.’”

2017 report by the American Psychological Association found that climate change is causing stress, anxiety, depression, and relationship strain. The psychological weight of climate change can lead to feelings of helplessness and fear, and to climate disengagement. Not surprisingly, those directly impacted by climate-augmented disasters fare even worse: For example, after Hurricane Katrina, suicide in affected areas more than doubled; the situation in post-Maria Puerto Rico is similarly dire.

To think daily about climate change and any of its dire implications can be a crushing psychological burden. Each of us is just one mammal, with all our mammalian limitations—we get tired, sad, irritated, sick, overwhelmed—and the climate crisis wields the force of 8 billion humans with infrastructure, corporations, capital, politics, and imaginations heavily invested in burning fossil fuels.

“It’s important to remember that inaction is rarely about a lack of concern or care, but is so much more complex,” Lertzman said. “Namely, that we westerners are living in a society that is still deeply entrenched in the very practices we now know are damaging and destructive. This creates a very specific kind of situation—what psychologists call cognitive dissonance. Unless we know how to work with this dissonance, we will continue to come up against resistance, inaction, and reactivity.”

But, said Lertzman, “we need to be careful not to make assumptions about other people’s relationships with these issues. Even if people may not be showing it, research shows again and again that it’s still on their minds and a source of discomfort or distress.” If she’s right, maybe the sea change in public action we desperately need is closer than it seems. It would certainly be helpful if we could talk openly about how climate change is making us feel.

Things do feel somewhat different now, both because more people are calling for and also because I’m now part of communities with people who are as concerned as I am (for example, my local chapter of Citizens’ Climate Lobby). There are more people in my life talking openly about climate change. And that helps.

Another way I cope is by simply burning less fossil fuel. This eliminates internal cognitive dissonance by aligning my actions with my knowledge. It also brings some great fringe benefits, such as more exercise from biking, healthier eating through vegetarianism, more connection to the land through gardening, and more connection to my community through activism and public outreach.

Finally, I actively work to be hope-oriented. In the film Melancholia, about a mysterious planet on a collision course with Earth, the protagonist passively accepts, even embraces, apocalypse. Nothing can stop it; ecological annihilation is inevitable.

Modern climate change is completely different: It’s 100 percent human-caused, so it’s 100 percent human-solvable. If humans pulled together as if our lives depended on it, we could leave fossil fuel in a matter of years. This would require radical change across global society, and I’m not suggesting it will happen. But it could, and this possibility leaves open a middle path, something between sweeping climate action and an unavoidable planetary collision—a rapid cultural shift, one that we all can contribute to through our conversations and our daily actions. And that’s a very hopeful thing.

Excerpt from YES Magazine

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Peter Kalmus es un científico del Clima en el “Jet Propulsion Laboratory  de la Nasa” con un Doctorado en física de la Universidad de Columbia. En el trabajo, estudia la física de las nubes en un clima irregular, y en su hogar explora cómo podemos reparar el cambio climático mientras vivimos más felices y conectad@s. Reside en Altadena, California, con su esposa y sus dos hijos en 1/10 de los combustibles fósiles del promedio estadounidense. Publicó en 2017 Being the Change: How to Live Well and Spark a Climate Revolution

Peter Kalmus is a climate scientist at NASA’s Jet Propulsion Laboratory with a Ph.D. in physics from Columbia University. At work he studies the physics of clouds in a changing climate, and at home he explores how we can address climate change while living happier, more connected lives. He lives in Altadena, California, with his wife and two children on 1/10th the fossil fuels of the American average. He published in 2017 Being the Change: How to Live Well and Spark a Climate Revolution

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Intentionally located in east Oakland -- to, on the one hand, overcome institutionalized violence and on the other hand, be showered by the multicultural love and wisdom from neighbors-- this small community strives for integral nonviolence and supports activities that foster fearlessness, courage, autonomy, unconditional love and compassion for all beings. Every Friday for the last 10 years, the anchors of Awakin Oakland, host "Wednesdays on Fridays", an open-house meditation night that was inspired by a family in Santa Clara who has been doing this for close to 23 years [2020] No teachers or gurus. No set agendas or proposed beliefs either. Just one strong principle -- when you change within, the world changes
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