Fuego: Depende Tanto de la Chispa / Fire: So Much Depends On The Spark

–por Robin Wall Kimmerer  (Sep 7, 2018) [English below]

Tantas cosas dependen para la iluminación de este fuego, tan cuidadosamente colocado en el suelo frío y rodeado de piedras. Una plataforma de leña de arce seco, un piso de finas ramitas, creado de la parte inferior de un abeto, un nido de corteza desmenuzada listo para el carbón sobre el que se balancean las ramas de pino para atraer a la llama hacia arriba. Demasiado combustible, demasiado oxígeno. Todos los elementos están en su lugar. Pero sin la chispa es sólo un montón de palos muertos. Depende tanto de la chispa. […]

Poder encender fuego fue una conexión de vital importancia para aquell@s que vinieron antes. Potawatomi, o mejor dicho en nuestro propio idioma: Bodwewadmi, significa Gente del Fuego. Pareciese correcto que esta fue una habilidad que debiésemos de dominar, un regalo para compartir. Comencé a pensar que para entender el fuego de verdad, necesitaba tener un taladro de arco en mi mano. Ahora, trato de encender un fuego sin un cerillo, para crear un carbón a la manera antigua, con arco y taladro, un fuego de fricción, frotando dos palos.

Wewene, me digo a mí misma: en un buen momento, en una buena manera. No hay atajos. Debe desenvolverse de una manera correcta, cuando todos los elementos están presentes, la mente y el cuerpo están empalmados al unísono. Cuando todas las herramientas se han creado de forma adecuada y todas las partes se han unido de correctamente, es muy fácil. Pero si no lo son, será inútil. Hasta que haya equilibrio y reciprocidad perfectas entre las fuerzas, puedes intentar y fallar e intentar y fallar una y otra vez. Lo sé. Y sin embargo, a pesar de la necesidad, debes tragarte tu sentido de urgencia, calmar tu respiración de modo que la energía no se vaya hacia la frustración, sino hacia el fuego. […]

Y así ha sucedido que en muchas partes de los territorios indígenas donde hay un movimiento para la revitalización del lenguaje y la cultura que crecen a partir del trabajo dedicado de personas que tienen el valor de dar a luz a las ceremonias, reunir oradores para volver a enseñar el idioma, plantar variedades de semillas antiguas, restaurar paisajes indígenas y traer a los jóvenes y jóvenas de vuelta a la tierra. Las personas del Séptimo Fuego caminan entre nosotr@s. Están utilizando la vara de fuego de las enseñanzas originales para restaurar la salud de la gente, para ayudarles a florecer nuevamente y dar fruto.

La profecía del Séptimo Fuego presenta una segunda visión para la época que estamos viviendo. Dice que todos los pueblos de la Tierra verán que el camino por venir está dividido. Las personas deben tomar una decisión en su camino hacia el futuro. Uno de los caminos es suave y verde con pasto nuevo. Podrías caminar descalz@ allí. El otro camino es negro, duro y está chamuscado; las cenizas te cortarían los pies. Si las personas eligen el camino cubierto de pasto, entonces la vida se mantendrá. Pero si eligen el camino de cenizas, el daño que han causado en la Tierra se volverá contra ell@s y traerá sufrimiento y muerte a la gente de la Tierra.

De hecho, nos encontramos en esta encrucijada. La evidencia científica nos dice que estamos cerca del punto de inflexión del cambio climático, el final de los combustibles fósiles, el comienzo del agotamiento de los recursos neturales. L@s ecologistas estiman que necesitaríamos siete planetas para mantener los estilos de vida que hemos creado. Y, sin embargo, esos estilos de vida, sin equilibrio, sin justicia y sin paz, no nos han traído alegría. Nos han traído la pérdida de nuestros familiares en una gran ola de extinción. Queramos admitirlo o no, tenemos una opción por delante, una encrucijada.

eo a la gente del Séptimo Fuego caminando hacia la encrucijada con todo lo que han reunido. Llevan en sus paquetes las semillas preciosas para un cambio de cosmovisión. No para regresar a una utopía del pasado, sino para encontrar las herramientas que nos permitan caminar hacia el futuro. Hemos olvidado tantas cosas, pero no se ha perdido simepre y cuando la tierra perdure y cultivemos personas que tienen la humildad y la capacidad de escuchar y aprender. Y la gente no está sola. A lo largo del camino, las personas no humanas ayudan. El conocimiento que la gente ha olvidado es recordado por la tierra. Los otros también quieren vivir. El camino está alineado con todas las personas del mundo, de todos los colores de la rueda de medicina: rojo, blanco, negro, amarillo, que entienden la opción que tienen por delante, que comparten una visión de respeto y reciprocidad, de compañerismo con el mundo que va más allá del humano. Hombres con fuego, mujeres con agua, para restablecer el equilibrio, para renovar el mundo. Tod@s, amig@s y aliad@s, están siguiendo el paso, formando una gran fila que va al camino para caminar descalz@s. Llevan lámparas de shkitagen, trazando un camino de luz. […]

¿Qué significa ser la gente del Séptimo Fuego, que camina de regreso por la senda ancestral y que recoge lo que ha dejado atrás? ¿Cómo reconocemos entre lo que debemos reclamar y lo que es basura peligrosa? ¿Qué es verdaderamente una medicina para la Tierra viva y qué es una droga engañosa? Ningun@ de nosotr@s puede reconocer cada parte y mucho menos cargarlo todo. Nos necesitamos un@s a otr@s, para adoptar una canción, una palabra, una historia, una herramienta, una ceremonia y ponerla en nuestros paquetes. No para nosotr@s, sino para l@s que aún no han nacido, para todas nuestras relaciones. Colectivamente, reunimos de la sabiduría del pasado una visión para el futuro, una cosmovisión moldeada por el florecimiento mutuo.

Conforme las personas del Séptimo Fuego caminan por el sendero, también deberíamos estar buscando shkitagen, l@s que tienen la chispa que no puede extinguirse. Encontramos a l@s que mantienen el fuego a lo largo del camino y l@s saludamos con gratitud y humildad porque apesar de todo, han llevado la brasa hacia delante, esperando ser indifundid@s en la vida. Al buscar el shkitagen del bosque y el shkitagen del espíritu, pedimos tener los ojos abiertos y las mentes abiertas, los corazones lo suficientemente abiertos como para abrazar a nuestros parientes más que humanos, con una voluntad relacionarnos con inteligencias que no son las nuestras. Necesitaremos confiar en la generosidad de la Tierra buena y verde para proporcionar este regalo y confiar que los seres humanos corresponderán.

No sé cómo se encenderá el Octavo Fuego (de paz y hermandad). Pero sí sé que podemos juntar la yesca que nutrirá la llama, que podemos ser shkitagen para llevar el fuego, tal como fue llevado a nosotr@s. ¿No es esto algo sagrado, avivar este fuego? Depende tanto de la chispa.

–Robin Wall Kimmerer de su libro Tejiendo Hierbadulce. [Foto de  La Foto del Día de Astronomía.]


So much depends upon the lighting of this fire, so neatly laid on the cold ground and circled round by stones. A platform of dry maple kindling, a floor of fine twiglets snapped from the underside of a fir, a nest of shredded bark ready for the coal over which broken pine branches are balanced to draw the flame upward. Plenty of fuel, plenty of oxygen. All the elements are in place. But without the spark it is only a pile of dead sticks. So much depends on the spark. […]

Fire building was a vital connection to those who came before. Potawatomi, or more accurately Bodwewadmi in our own language, means People of the Fire. It seemed only right that this was a skill we should master, a gift to share. I began to think that to really understand fire, I needed a bow drill in my hand. Now, I try to make a no-match fire, to conjure a coal in the old way, with bow and drill, a friction fire, rubbing two sticks together.

Wewene, I say to myself: in a good time, in a good way. There are no shortcuts. It must unfold in the right way, when all the elements are present, mind and body harnessed in unison. When all the tools have been properly made and all the parts united in purpose, it is so easy. But if they’re not, it will be futile. Until there is balance and perfect reciprocity between the forces, you can try and fail and try and fail again. I know. And yet, despite the need, you must swallow your sense of urgency, calm your breathing so that the energy goes not to frustration, but to fire. […]

And so it has come to pass that all over Indian Country there is a movement for revitalization of language and culture growing from the dedicated work of individuals who have the courage to breathe life into ceremonies, gather speakers to reteach the language, plant old seed varieties, restore native landscapes, bring the youth back to the land. The people of the Seventh Fire walk among us. They are using the fire stick of the original teachings to restore health to the people, to help them bloom again and bear fruit.

The Seventh Fire prophecy presents a second vision for the time that is upon us. It tells that all the people of the Earth will see that the path ahead is divided. They must make a choice in their path to the future. One of the roads is soft and green with new grass. You could walk barefoot there. The other path is scorched black, hard; the cinders would cut your feet. If the people choose the grassy path, then life will be sustained. But if they choose the cinder path, the damage they have wrought upon the Earth will turn against them and bring suffering and death to Earth’s people.

We do indeed stand at the crossroads. Scientific evidence tells us we are close to the tipping point of climate change, the end of fossil fuels, the beginning of resource depletion. Ecologists estimate that we would need seven planets to sustain the lifeways we have created. And yet those lifeways, lacking balance, justice, and peace, have not brought us contentment. They have brought us the loss of our relatives in a great wave of extinction. Whether or not we want to admit it, we have a choice ahead, a crossroads.

I see the people of the Seventh Fire walking toward the crossroads with all they have gathered. They carry in their bundles the precious seeds for a change of worldview. Not so they can return to some atavistic utopia, but to find the tools that allow us to walk into the future. So much has been forgotten, but it is not lost as long as the land endures and we cultivate people who have the humility and ability to listen and learn. And the people are not alone. All along the path, nonhuman people help. What knowledge the people have forgotten is remembered by the land. The others want to live, too. The path is lined with all the world’s people, in all colors of the medicine wheel—red, white, black, yellow—who understand the choice ahead, who share a vision of respect and reciprocity, of fellowship with the more-than-human world. Men with fire, women with water, to reestablish balance, to renew the world. Friends and allies all, they are falling in step, forming a great long line headed for the barefoot path. They are carrying shkitagen lanterns, tracing their path in light.[…]

What does it mean to be the people of the seventh fire, to walk back along the ancestral road and pick up what was left behind? How do we recognize what we should reclaim and what is dangerous refuse? What is truly medicine for the living Earth and what is a drug of deception? None of us can recognize every piece, let alone carry it all. We need each other, to take a song, a word, a story, a tool, a ceremony and put it in our bundles. Not for ourselves, but for the ones yet to be born, for all our relations. Collectively, we assemble from the wisdom of the past a vision for the future, a worldview shaped by mutual flourishing.

As the seventh fire people walk the path, we should also be looking for shkitagen, the ones who hold the spark that cannot be extinguished. We find the firekeepers all along the path and greet them with gratitude and humility that against all odds, they have carried the ember forward, waiting to be breathed into life. In seeking the shkitagen of the forest and the shkitagen of the spirit, we ask for open eyes and open minds, hearts open enough to embrace our more-than-human kin, a willingness to engage intelligences not our own. We’ll need trust in the generosity of the good green Earth to provide this gift and trust in human people to reciprocate.

I don’t know how the eighth fire (of peace and brotherhood/sisterhood) will be lit. But I do know we can gather the tinder that will nurture the flame, that we can be shkitagen to carry the fire, as it was carried to us. Is this not a holy thing, the kindling of this fire? So much depends on the spark.

–Robin Wall Kimmerer from the her book Braiding Sweetgrass.  [Photo from The Astronomy Picture of the Day APOD]

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To live in radical joyous shared servanthood to unify the Earth family.
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