La Intimidad y Sus Diferencias / Intimacy and Its Differences

–por Diane Musho Hamilton  (Feb 23, 2018) [English below]

Tami Simon: Quería leer una cita de tu libro que realmente me llamó la atención: “Hay un límite incorporado a nuestra intimidad y confianza porque rehuimos de reconocer la verdadera profundidad de nuestras diferencias”. Mientras leía esto, estaba pensando en todo tipo de relaciones, incluso nuestras relaciones más íntimas con amig@s y nuestr@ espos@, y que puede ser aterrador para la gente reconocer, en serio, la verdadera profundidad de las maneras en las que somos diferentes. Quería que platicáramos un poco sobre esto. ¿Por qué es esto tan aterrador? ¿Por qué nos sentimos tan amenazad@s sólo porque alguien en nuestro círculo es diferente?

Diane Musho Hamilton: Hay diferentes tipos de niveles con los que podemos explorar o mirar esta pregunta, Tami. Uno es desde un punto de vista espiritual donde la separación y la experiencia de la división es la experiencia del sufrimiento. Entonces, cuando nos sentimos separad@s, desconectad@s, cuando esa desconexión conduce al conflicto, cuando ese conflicto conduce a la distanciamiento, cuando los distanciamientos conducen a injusticias o cuando todo esto se suma a una opresión, eso es exactamente lo que es el sufrimiento. Es una diferencia exagerada.

Solo para señalar que nuestro estado natural es el de unión, de coherencia, de estar junt@s y el cuerpo humano de verdad se relaja en circunstancias en las que nos sentimos junt@s. Cuando miras profundamente los ojos de tu pareja y tod@s están relajad@s, o cuando cargas a un bebé y tienes contacto con el bebé, la oxitocina simplemente fluye y se siente muy, muy bien. Tan pronto como experimentamos una diferencia, la adrenalina comienza a gotear, el cortisol, porque cuando hay diferencia, también hay una amenaza.

La otra cosa: podemos ver la diferencia desde una perspectiva etnocéntrica. Básicamente, en el transcurso de nuestra evolución, nuestra supervivencia dependía de la unión en nuestras pequeñas bandas de 15 a 60 homínidos, y que teníamos más probabilidades de ser herid@s o matad@s por un humano fuera de la banda que por otro depredador. Las diferencias en la cultura son, en nuestro sistema nervioso, profundamente equiparadas con la amenaza. Cuando estamos bajo coerción, nos juntamos con aquell@s que son como nosotr@s. Nos movemos profundamente en esa unión y alejamos a cualquiera que sea diferente.

Incluso las diferencias en nuestra familia pueden parecer amenazadoras, diferencias con l@s vecin@s de la calle, que tienen un color de piel dediferente al nuestro y cuya comida huele diferente y cuya música suena diferente a la nuestra. Eso se vuelve más amenazante porque lo que me resulta familiar y asegura mi supervivencia y me ayuda a sentirme en casa, está de alguna manera amenazado por esa diferencia. Esa es en parte de la razón por la que escribí el libro: creo que de alguna manera, hoy en día, prestamos mucha atención a la comprensión de las diferencias y al cultivo de la diversidad, pero creo que no reconocemos suficientemente el sufrimiento que es innato en nuestras diferencias y cuán amenazadoras pueden ser para nosotr@s, particularmente a nivel cultural, nuestras diferencias.

La noción de ser capaz de tolerar nuevas perspectivas o chocar con personas que son diferentes a nosotr@s, ese es el mecanismo por el cual el universo se evoluciona a sí mismo. Por lo tanto, no crecemos si no encontramos diferencias, pero las diferencias básicamente no nos hacen sentir bien. Al principio son emocionantes y después somos muy rápid@s en normalizarlas e integrarlas. Entre más podamos tolerar mirar la diferencia, y reconocer nuestras diferencias, y permitir que estén allí, más ampliaremos nuestro campo para incluir esa pertubación a la homeostasis de nuestro cuerpo-mente. Una mayor atención plena permite más perturbaciones.

No he visto a nadie más que esté hablando al respecto de esta manera. Sé que hay algun@s neurocientífic@s que hablan sobre cómo el cerebro evoluciona de esa manera, creando nuevos y diferentes patrones de sinapsis y redes, y que a medida que se integran, así es como de verdad evoluciona el cerebro. He oído esto. Escuché a Ken Wilber hablar sobre el tema con el universo. Pero creo que es verdaderamente importante que lo comprendamos en la intimidad más profunda.

Entonces, puedo ser más íntima contigo si de verdad cultivamos lo mismo, pero si también creamos un lugar para las maneras en las que nuestra experiencia es muy diferente. No es simplemente estar de acuerdo en estar en desacuerdo. Sino permitir que esa separación informe y sea parte de nuestra relación.

–Diane Musho Hamilton. Pasaje de la entrevista El poder evolutivo de la comunicación con atención plena, con Tami Simon publicada en el DailyGood. [Foto de  La Foto del Día de Astronomía.]


Tami Simon: I wanted to read a quote from your book that really got my attention: “There’s a built-in limit to our intimacy and trust because we shy away from acknowledging the true depth of our differences.” As I read that, I was thinking of all kinds of relationships, even our most intimate relationships with friends and our husband or wife—that it can be terrifying for people to really recognize the true depth of ways in which we’re different. I wanted to talk some about that. Why is that so terrifying? Why do we feel so threatened just because someone in our circle is different?

Diane Musho Hamilton: There are different kind of levels we can relate to that or look at that question, Tami. One is from a spiritual point of view: separation [and] the experience of division is the experience of suffering. So, when we feel apart, disconnected—when that disconnection leads to conflict, when that conflict leads to alienation, when the alienations lead to injustices or when all of that adds up to an oppression, that is exactly what suffering is. It’s exaggerated difference.

Just to note that—that our natural state is one of union, of coherence, of togetherness, and that the human body really relaxes under circumstances in which we feel together. When you look deeply into your partner’s eyes and everyone’s relaxed, or when you’re holding a baby and you make contact with the baby, the oxytocin just flows and feels really, really good. As soon as we experience difference, the adrenaline starts to drip—the cortisol—because where there’s difference, there’s also threat.

The other thing: we can look at difference from kind of an ethnocentric perspective. Basically, in the course of our evolution, our survival depended on our togetherness in our small bands of 15 to 60 other hominids, and that we were more likely to be injured or killed by an outside human than we were by another predator most likely. The differences in culture are, in our nervous system, deeply equated with threat. When we’re under duress, we collect with those like us. We move deeply into that togetherness and we push away anyone who’s different.

Even the differences in our family can feel threatening—differences with the neighbors across the street who are a different (skin)color than we are and whose food smells different and whose music sounds different than us. That becomes more threatening because the very thing that’s familiar to me and ensures my survival and helps me feel at home is somehow threatened by that difference. That’s partly why I wrote the book—is that I think in some ways, we give a lot of attention these days to understanding difference and cultivating diversity, but I think we don’t recognize deeply enough both the suffering that’s innate in our differences and how threatening particularly on a cultural level our differences can be to us.

The whole notion of being able to tolerate new perspectives or bump up against people who are different than we are—that is the mechanism to which the universe evolves itself. So, we don’t grow if we don’t encounter difference but differences basically don’t feel as good to us. They’re exciting in the beginning and then we’re very quick to normalize and integrate them. The more that we can tolerate looking at difference and owning our differences and letting them be there, the more that we’re expanding to include that disruption to the homeostasis of our body-mind. Bigger awareness allows for more disruption.

I haven’t seen anyone else quite right about it in this way. I know that there’s some neuroscientists who talk about how the brain evolves in that way—by creating new and different patterns of synapses and networks, and that as those get integrated, that that’s actually how the brain evolves. I’ve heard that. I’ve heard Ken Wilber talk about it with the universe. But I think it’s really important that we understand it in the deepest intimacy.

So, I can be more intimate with you if we really cultivate the sameness but if we also create a place for the ways in which our experience is really different. It isn’t simply agreeing to disagree. It’s actually allowing that separation to inform and be part of our relationship.

–Diane Musho Hamilton. Excerpt from the interview The Evolutionary Power of Mindful Communication with Tami Simon published in the  DailyGood. [Photo from The Astronomy Picture of the Day APOD]

Advertisement

About pancho

To live in radical joyous shared servanthood to unify the Earth family.
This entry was posted in ahimsa, anarchism, anarchy, astrobiology, Awakin Oakland, fearlessness, gift-economy, meditation, natural philosophy, nonviolence, Peace Army, satyagraha, science, soulforce, WednesdaysOnFridays and tagged , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s