Esta Música Nos Creó / This Music Made Us

–por David George Haskell (Jan 11, 2017)    [English below]

Para l@s grieg@s de la época de Homero, kleos, la fama, estaba hecha de canción. Las vibraciones en el aire contenían la medida y el recuerdo de la vida de una persona. Escuchar era, por lo tanto, aprender de lo que perdura.

Puse mi oído en los árboles, buscando este kleos ecológico. No encontré héroes, ni individuos alrededor de los cuales se ancle la historia. En cambio, los recuerdos vivientes de los árboles, que se manifiestan en sus canciones, hablan de la comunidad de la vida, una red de relaciones. Los humanos pertenecemos a esta conversación, como parientes de sangre y miembros encarnados. Entonces, escuchar es oír nuestras voces y las de nuestra familia. […] Entonces, escuchar es poner un estetoscopio en la piel de un paisaje, para escuchar lo que se mueve debajo.

Tod@s (árboles, humanos, insectos, pájaros, bacterias) somos pluralidades. La vida es una red encarnada. Estas redes vivientes no son lugares donde la unidad de benevolencia prevalezca. Sino más bien, son lugares donde se negocian y resuelven las tensiones ecológicas y evolutivas entre la cooperación y el conflicto. Estas luchas a menudo resultan no de la supervivencia de los seres más fuertes y desconectados, sino de la disolución del yo en una relación.

Debido a que la vida es una red, no existe tal cosa como “la naturaleza” o “el medio ambiente” separados de los humanos. Somos parte de la comunidad de vida, compuesta de relaciones con “otros”, por lo que la dualidad humano / naturaleza que vive cerca del corazón de muchas filosofías es, desde una perspectiva biológica,una ilusión. […] Nuestros cuerpos y mentes, nuestra “Ciencia y Arte”, son tan naturales y tan silvestres como lo fueron alguna vez. No podemos salir fuera de las canciones de la vida. Esta música nos creó; es nuestra naturaleza.

Por lo tanto, nuestra ética debe ser una de pertenencia, un imperativo aún más urgente dadas las muchas formas en las que las acciones humanas están desbaratando, reconfigurando y cortando las redes biológicas en todo el mundo. Escuchar a los árboles, los grandes conectores de la naturaleza, es entonces aprender cómo habitar las relaciones que dan a la vida su fuente, sustancia y belleza.

Esta individualidad disuelta ahora en relación, es cómo el árbol de ceibo y toda su comunidad sobreviven a los retos del bosque. Donde el arte de la guerra está tan bien desarrollado, que la supervivencia implica paradójicamente rendirse, abandonando al yo en una unión con l@s aliad@s.[…]

El bosque no es una colección de entidades… es un lugar hecho completamente a partir de los hilos de las relaciones.

 

–David George Haskell. Pasaje escogido del artículo en DailyGood: Las canciones de los árboles.


For the Homeric Greeks, kleos, fame, was made of song. Vibrations in air contained the measure and memory of a person’s life. To listen was therefore to learn what endures.

I turned my ear to trees, seeking ecological kleos. I found no heroes, no individuals around whom history pivots. Instead, living memories of trees, manifest in their songs, tell of life’s community, a net of relations. We humans belong within this conversation, as blood kin and incarnate members. To listen is therefore to hear our voices and those of our family.[…] To listen is therefore to touch a stethoscope to the skin of a landscape, to hear what stirs below.

We’re all — trees, humans, insects, birds, bacteria — pluralities. Life is embodied network. These living networks are not places of omnibenevolent Oneness. Instead, they are where ecological and evolutionary tensions between cooperation and conflict are negotiated and resolved. These struggles often result not in the evolution of stronger, more disconnected selves but in the dissolution of the self into relationship.

Because life is network, there is no “nature” or “environment,” separate and apart from humans. We are part of the community of life, composed of relationships with “others,” so the human/nature duality that lives near the heart of many philosophies is, from a biological perspective, illusory. […]  Our bodies and minds, our “Science and Art,” are as natural and wild as they ever were. We cannot step outside life’s songs. This music made us; it is our nature.

Our ethic must therefore be one of belonging, an imperative made all the more urgent by the many ways that human actions are fraying, rewiring, and severing biological networks worldwide. To listen to trees, nature’s great connectors, is therefore to learn how to inhabit the relationships that give life its source, substance, and beauty.

This dissolution of individuality into relationship is how the ceibo tree and all its community survive the rigors of the forest. Where the art of war is so supremely well developed, survival paradoxically involves surrender, giving up the self in a union with allies. […]

The forest is not a collection of entities… it is a place entirely made from strands of relationship.

–David George Haskell. Passage picked from the DailyGood: The Songs of Trees.

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About Pancho

To live in radical joyous shared servanthood to unify humanity.
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