Nuestro Compromiso Para Sanar / Our Commitment to Healing

–by Julia Butterfly Hill (Jan 30, 2017)    [English below]

No pararon hasta el 23 de diciembre (de 1997). En lugar de los “doce días de Navidad”, tuvimos doce días de motosierras, todo el día, todos los días. Cada vez que una sierra eléctrica cortaba los árboles, sentía que me cortaban a mí también. Fue como ver cómo mataban a mi familia. Y de manera similar en la que perdemos una parte de nosotr@s mism@s cuando fallece un familiar o amig@s, así también perdí una parte de mí misma con cada árbol que caía.

Mi primera reacción fue querer atacar como un animal herido o con miedo. Quería parar la violencia, quería parar el dolor, quería parar el sufrimiento, quería parar a estos hombres que estaban talando la ladera con total desprecio por el bosque y por la gente viviendo en Stafford. Odiaba todo. Incluso me odiaba a mí misma porque estaba asqueada por formar parte de una raza de personas cometiendo tal falta de respeto. Estaba enojada conmigo misma por haber sido parte de esta sociedad por tanto tiempo.

Pero entonces comencé a orar.

Sabía que si no encontraba una forma de lidiar con mi enojo y odio, me abrumarían y me hubiese tragado el miedo, la tristeza y la frustración. Sabía que odiar y atacar de vuelta era ser parte de la misma violencia que estaba tratando de parar. Y entonces oré.

“Por favor, Espíritu Universal, por favor ayúdame a encontrar una manera de lidiar con esto, porque si no lo hago, me va a consumir.”

Esto le pasa mucho a activistas. Las intensas fuerzas negativas que están oprimiendo y destruyendo la Tierra terminan acabando a much@s de ell@s. Están absorbid@s tanto por el odio y el enojo que se quedan vací@s. Sabía que no quería que me pasara lo mismo. En lugar de esto, mi odio tenía que convertirse en amor, amor (ágape) incondicional.

Un día, a través de mis oraciones, una cantidad abrumadora de amor comenzó a fluir a través de mí, llenando el agujero oscuro que amenazaba con consumirme. De repente me di cuenta de que lo que estaba sintiendo era el amor de la Tierra, el amor de la Creación. Todos los días, como especie, hacemos tantas cosas para destruir la capacidad de la Creación para darnos vida. Pero esa Creación continúa haciendo todo lo que puede para darnos vida de todos modos. Y eso es amor verdadero.

Si esa hermosa fuente de Creación de la que tod@s somos parte, puede hacer eso por nosotr@s, entonces yo tenía que encontrarle dentro de mí misma para tener ese sentimiento de amor incondicional, no solo por la Tierra como planeta, sino también por la humanidad, incluso por aquellos destruyendo el regalo de la vida justo en frente de mí. […]

Pronto vino la víspera del año nuevo… “Está bien”, me dije. “Se supone que el año nuevo se trata de propósitos. Entonces, ¿cuáles son los míos?”

Pensé en ello. Los propósitos se tratan acerca de tener un propósito. Así decidí que mi propósito era levantarme como la secuoya y no desistir.

Incluso después de que las secoyas han sido cortadas en el suelo, no se rinden. Al contrario, intentan brotar una nueva vida. Si no están cubiertos con herbicida (utilizado después de una tala para controlar la vegetación, para que no compitan por luz solar con los árboles recién plantados) o quemados con diesel y napalm (una práctica común de “limpieza”), los árboles logran regenerarse.

Las secoyas serían mi guía. Me quedaría en Luna sin importar lo que pasara. […]

Luna se levanta como un símbolo. Un símbolo de todos los bosques antiguos que son estrellados en el suelo, en el olvido, en la extinción, todos los días. Luna representa la esperanza y el amor que siempre vencerá al odio. Ella nos recuerda que no hay que escojer ‘lados’, solo ‘nosotr@s’; que el amor y el odio están dentro de tod@s nosotr@s. Luna nos recuerda que la esperanza de este hermoso y sagrado planeta que nos da la vida y por lo tanto la esperanza de nuestra humanidad, radica en nuestra capacidad de transformar los mayores obstáculos y desafíos en fuerza, resistencia, compromiso y amor. Estas son la esencia de Luna.

Como aprendí en las ramas de Luna, en el momento más poderoso y sagrado de mi vida, la diferencia está en el hacer. Hacemos lo correcto porque es lo correcto, independientemente del resultado. Perseveramos hoy por l@s niñ@s del mañana, porque alguien debe responsabilizar a estas personas. Amamos con todo lo que tenemos, incluso cuando se presentan odio y violencia abrumadores, porque sabemos que el amor en acción es la esperanza para nuestro mundo.

Sí, los símbolos pueden ser atacados, pero lo que representan nunca puede ser destruido. El asalto a Luna (en 2000) es un asalto a lo que much@s en este mundo consideran sagrado y querido. Pero en lugar de debilitarnos o destruirnos, sólo ha servido para fortalecer nuestro propósito. Cuando llegue el momento en que Luna caiga al suelo del bosque, se entregará a sí misma para alimentar nueva vida que crecerá de su regalo, tal como ella creció de un regalo anterior. Sus nutrientes serán parte de un ecosistema que demuestra que un bosque es más que una granja de árboles. Es una relación: simbiótica, importante, hermosa. Lo mismo pasa con nuestro planeta y nuestras vidas. Sí, la herida en Luna y nuestro mundo es profunda. Pero también lo es nuestro compromiso para sanar.

 

–Julia Butterfly Hill de su libro “El legado de Luna: la historia de un árbol, una mujer y la lucha para salvar a las secoyas.” y el epílogo escrito por ella el 1 de enero de 2001.


They didn’t stop until December 23 (1997). Instead of twelve days of Christmas, we had twelve days of chain saws, all day, every day. Each time a chain saw cut through those trees, I felt it cut through me as well. It was like watching my family being killed. And just as we lose a part of ourselves with the passing of a family member or friends, so did I lose a part of myself with each fallen tree.

My first reaction was to want to strike out like and animal that’s hurt or afraid. I wanted to stop the violence, I wanted to stop the pain, I wanted to stop the suffering, I wanted to stop these men who were cutting this hillside in complete disregard for the forest and the people’s lives in Stafford below. I had hate for everything. I even had hate for myself because I was disgusted that I was part of a race of people with such a lack of respect. I was angry with myself for having been part of such a society for so long.

But then I began to pray.

I knew that if I didn’t find a way to deal with my anger and hate, they would overwhelm me and I would be swallowed up in the fear, sadness, and frustration. I knew that to hate and strike out was to be part of the same violence I was trying to stop. And so I prayed.

“Please, Universal Spirit, please help me find a way to deal with this, because if I don’t, it’s going to consume me.”

You see that a lot in activists. The intense negative forces that are oppressing and destroying the Earth wind up overcoming many of them. They get so absorbed by the hate and the anger that they become hollow. I knew I didn’t want to go there. Instead, my hate had to turn to love –unconditional, agape, love.

One day, through my prayers, an overwhelming amount of love started flowing into me, filling up the dark hole that threatened to consume me. I suddenly realized that what I was feeling was the love of the Earth, the love of Creation. Every day we, as a species, do so much to destroy Creation’s ability to give us life. But that Creation continues to do everything in its power to give us life anyway. And that’s true love.

If that beautiful source of Creation of which we’re all part could do that for us, then I had to find it within myself to have that feeling of unconditional love not only for the Earth as a planet, but also for humanity –even for those destroying the gift of life right in front of me. […]

Soon it was New Year’s Eve… “Okay,” I told myself. “New Year’s is supposed to be about resolutions. So what are mine?”

I thought about it. Resolution is about to resolve. My resolution, I decided, was to take a stand like the redwood tree and not back down.

Even after they’ve been chopped into the ground, redwoods don’t give up. Instead, they try to sprout new life. If they’re not coated with herbicide (used after a clear-cut to control the vegetation, so it doesn’t compete for sunlight with newly planted farmed trees) or burned with diesel fuel and napalm (a common “cleanup” practice), they manage to regenerate.

The redwoods would be my guide. I would stay in Luna no matter what. […]

Luna stands as a symbol.  A symbol for all the old-growth forests that are smashing into the ground, into oblivion, into extinction, every day.  Luna stands for hope and the love that will always win over hate.  She reminds us that there are no ‘sides’, only ‘us’; that love and hate are within us all.  Luna reminds us that the hope for this beautiful, sacred planet that gives us life and thus hope for our humanity lies in our ability to transform the greatest obstacles and challenges into strength, endurance, commitment, and love.  These are the essence of Luna.

As I learned in Luna’s branches, in the most powerful, sacred time of my life, the difference is in the doing. We do the right thing because it is the right thing to do, regardless of the outcome. We persevere because someone today has to hold those accountable for the children of tomorrow. We love with all that we have, even in the face of overwhelming hatred and violence, because we know love in action is the hope for our world.

Yes, symbols can be attacked, but what they stand for can never be destroyed. The assault on Luna(on 2000) is an assault on what so many in this world hold sacred and dear. But instead of weakening or destroying us, it has only served to make our resolve stronger. Whenever Luna’s time comes to fall into the forest floor, she will be giving herself to feed new life that will grow from her gift just as she grew from one before. Her nutrients will be part of an ecosystem that proves that a forest is more than just a tree farm. It is a relationship –symbiotic, important, beautiful. The same with our planet and our lives. Yes, the wound in Luna and our world is deep. But so is our commitment to healing.

–Julia Butterfly Hill from his book “The Legacy of Luna: The Story of a Tree, a Woman and the Struggle to Save the Redwoods.” and the Afterword written by her in January 1, 2001.

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About Pancho

To live in radical joyous shared servanthood to unify humanity.
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