Eres Una Comunidad / You Are a Community

–por David Grinspoon (Oct 19, 2017) [English below]

Pudimos vislumbrar algo que Lynn nos ayudó a aprender: que nuestra propia individualidad es una ilusión breve que es trascendida por el amor y la biología. Las vidas de las pocas mujeres y hombres que se reunieron esa noche,  habían sido enriquecidas por el intelecto incandescente y el amoroso corazón de Lynn. Ella parecía eterna e incansable, y murió de repente por un aneurisma a la edad de 73 años. Entonces fue cuando derramamos esas acuosas lágrimas saladas por Lynn, quien de alguna manera nos había cambiado a tod@s y quien había hecho tanto por darle forma a nuestras ideas sobre planetas y la vida.

Lynn Margulis era una gigante de la biología moderna, pero también era mucho más que eso: desafió la frontera entre la ciencia y la filosofía, aplicando sin miedo ciencia rigurosa a los problemas que cambiaron la forma en que pensamos preguntas profundas acerca del ser y la identidad, y los límites del conocimiento y metodologías científicas actuales. Su teoría de la endosimbiosis, controvertida al principio y ahora consagrada en los libros de texto de biología, mostró que en la evolución, la cooperación radical es una fuerza tan poderosa como la competencia mortal. Un gran ejemplo es el de las mitocondrias, estas pequeñas micro plantas de energía dentro de nuestras células. Según la teoría endosimbiótica, estas solían ser bacterias que vivían libremente y se unieron a nuestras células ancestrales en una relación mutuamente beneficiosa, simbiótica. La asociación se volvió tan estrecha que fue sólo cuestión de tiempo para que los socios se unieran para formar un nuevo tipo de organismo. De hecho, Lynn nos enseñó que muchas de las innovaciones evolutivas más importantes de la vida resultaron de la asimilación, la fusión de individuos que estaban separados anteriormente, la formación de cooperativas y el intercambio de genes y rasgos. La supervivencia del más apto aún funciona, pero a menudo los más aptos son aquellos conjuntos de organismos que se unen creativamente en nuevos tipos de individuos.

Mucha gente ha oído hablar de la hipótesis de Gaia, que Margulis formuló, junto con Jim Lovelock, en la década de 1970. Como concepto, a menudo se ha abusado como un elemento de la Nueva Era, o erróneamente ridiculizado como pseudociencia, pero su esencia es el descubrimiento de la relación entre planetas y la vida que ha cambiado nuestra entendimiento de ambos. […] Al explorar la pregunta ¿qué le hace la vida a su ambiente?, se dieron cuenta de que la distinción entre partes “vivientes” y “no vivientes” de la Tierra no era tan clara como pensábamos. Lynn agregó su enfoque del papel de las redes evolutivas cooperativas en los sistemas biológicos. Estudiando juntos la biosfera global de la Tierra, se dieron cuenta de que tiene algunas de las propiedades de una forma de vida. Parece mostrar “homeostasis” o autoregulación. Tu propia homeostasis interna mantiene tu temperatura, el pH de tu sangre y una amplia gama de otras propiedades dentro del rango óptimo y saludable que te mantiene viv@. Muchas de las cualidades de la Tierra que sustentan la vida exhiben una estabilidad muy notable. El rango de temperatura del clima; el contenido de oxígeno de la atmósfera; el pH, la química y la salinidad del océano, todo esto mediado biológicamente. Todas, durante cientos de millones de años, se han mantenido dentro de un rango en el que la vida puede prosperar. Lovelock y Margulis supusieron que la vida en su totalidad está interactuando con sus entornos en formas que regulan estas cualidades globales. Reconocieron que la Tierra es, en cierto sentido, un organismo vivo. Nombraron a esta criatura Gaia. […]

Mostraron que la imagen darwinista de la evolución biológica está incompleta. […] Propusieron que el drama de la vida no se desenvuelve en un escenario de una Tierra muerta, sino que, más bien, el escenario mismo está animado, parte de una entidad viviente más grande, Gaia, compuesta de la biosfera junto con los componentes “no vivos” que forman, responden y circulan a través de la biota de la Tierra. Sí, la vida se adapta al cambio ambiental, moldeándose a través de la selección natural. Sin embargo, la vida también retrocede y cambia el entorno, altera el planeta. Esto es ahora tan obvio como el aire que estás respirando, que ha sido oxigenado por la vida. Así, la evolución no es una serie de adaptaciones a eventos inanimados, sino un sistema de retroalimentaciones, es un intercambio. La vida no se ha moldeado simplemente a los contornos cambiantes de una Tierra dinámica. Más bien, la vida y la Tierra se han moldeado mutuamente a medida que han coevolucionado. Cuando comienzas a mirar al planeta de esta manera, entonces ves que los arrecifes de coral, los acantilados de piedra caliza, los deltas, los pantanos y las islas de guano de murciélago, como partes de esta entidad animada más grande. Te das cuenta de que toda la piel de la Tierra, así como sus profundidades, están realmente vivas.

La influencia de Lynn Margulis en la ciencia seguirá emergiendo y deslumbrándonos gradualmente. Cuando ella dejó esta Tierra, nuestra mente global, nuestra noosfera, perdió una neurona resplandeciente, que, durante su tiempo, provocó grandes pensamientos que aún perduran. Ella nos desafió a repensar nuestras ideas, definiciones, narrativas y categorías de cosas vivas, y cambió la forma en que vemos la vida, la evolución, nuestro planeta, nuestras células, a nosotr@s mism@s. Recientemente, las noticias de la ciencia están llenas de historias de la “microbiota”, que detalla cómo tú y yo somos en su mayoría microbios, con la mayor parte de nuestra biomasa y metabolismo, en la enfermedad y en la salud, dominados por las complejas ecologías que hay dentro de nosotr@s. Lynn siempre le decía a cualquiera que estuviera escuchando: “No eres un individuo. Eres una comunidad.” El descubrimiento de la microbiota humana está redefiniendo lo que significa ser humano y cómo nos relacionamos con el resto de la vida.

–David Grinspoon. Pasaje de si libro La Tierra en las manos humanas, moldeando el futuro de nuestro Planeta. [Dibujo cortesía de los colaboradores del libro Sé el cambio: vive bien y enciende una revolución en contra del calentamiento global.


We glimpse something that Lynn helped us to learn: that our own individuality is a brief illusion transcended by love and biology. The handful of women and men who convened that evening had our lives enriched by Lynn’s incandescent intellect and nurturing heart. She seemed timeless and tireless, and she died suddenly, felled by an aneurism at the age of 73. So we shed those aqueous, saline tears for Lynn, who in some way had changed all of us, and who had done so much to shape our ideas about planets and life.

Lynn Margulis was a giant of modern biology, but she was also more than that: she braved the boundary between science and philosophy, fearlessly applying rigorous science to problems that changed the way we think about profound questions of self and identity, and the limits of current scientific knowledge and methodologies. Her theory of endosymbiosis, controversial at first and now enshrined in biology text books, showed that in evolution, radical cooperation is just as potent a force as deathly competition. One great example involves mitochondrias, the tiny micro-size power plants inside our cells. According to endosymbiotic theory, these used to be freely living bacteria that joined our ancestral cells in a mutually beneficial, symbiotic, relationship. The association became so tight that eventually the partners joined together to form a new kind of organism. In fact, Lynn taught us that many of life’s most important evolutionary innovations resulted from assimilation, fusion of formerly separate individuals, the formation of cooperatives, and the sharing of genes and traits. Survival of the fittest still applies, but often the fittest are those assemblages of organisms that creatively merge into new kinds of individuals.

Many people have heard of the Gaia hypothesis, which Margulis formulated, along with Jim Lovelock, in the 1970s. As a concept, it has often been abused as a New Age catchall, or mistakenly derided as pseudoscience, but at its core is an insight about the relationship between planets and life that has changed our understanding of both. […] In exploring the question of what life does to its environment, they realized that the distinction between “living” and “nonliving” parts of Earth was not as clear-cut as we thought.  Lynn added her focus on the role of cooperative evolutionary networks in biological systems. Studying Earth’s global biosphere together, they realized that is has some of the properties of a life form. It seems to display “homeostasis,” or self-regulation. Your own internal homeostasis maintains your temperature, the pH of your blood, and a wide range of other properties within optimum, healthy range that keeps you alive. Many of Earth’s life-sustaining qualities exhibit remarkable stability. The temperature range of the climate; the oxygen content of the atmosphere; the pH, chemistry, and salinity of the ocean –all this biologically mediated. All have, for hundreds of millions of years, stayed within a range where life can thrive. Lovelock and Margulis surmised that the totality of life is interacting with its environments in ways that regulate these global qualities. They recognized that Earth is, in a sense, a living organism. They name this creature Gaia. […]

They showed that the Darwinian picture of biological evolution is incomplete… They proposed that the drama of life does not unfold on the stage of a dead Earth, but that, rather, the stage itself is animated, part of a larger living entity, Gaia, composed of the biosphere together with the “nonliving” components that shape, respond to, and cycle through the biota of Earth. Yes, life adapts to environmental change, shaping itself through natural selection. Yet life also pushes back and changes the environment, alters the planet. This is now as obvious as the air you are breathing, which has been oxygenated by life. So evolution is not a series of adaptations to inanimate events, but a system of feedbacks, an exchange. Life has not simply molded itself to the shifting contours of a dynamic Earth. Rather, life and Earth have shaped each other as they’ve coevolved. When you start looking at the planet in this way, then you see coral reefs, limestone cliffs, deltas, bogs, and islands of bat guano as parts of this larger animated entity. You realize that the entire skin of Earth, and its depths as well, are indeed alive.

Lynn Margulis’s influence on science will continue to emerge and dazzle gradually. When she left this Earth, our global mind, our noosphere, lost one blazing neuron, which, during its time, sparked great thoughts that linger. She challenged us to rethink our cozy established ideas, definitions, narratives, and categories of living things, and she changed the way we see life, evolution, our planet, our cells, ourselves. Recently the science news is full of stories of the “microbiota,” detailing how you and I are mostly microbes, with the bulk of our biomass and metabolism, in sickness and health, dominated by the complex ecologies within us. Lynn was always telling anyone who would listen, “You are not an individual. You are a community.” The discovery of the human microbiota is redefining what it means to be human and how we relate to the rest of life.

–David Grinspoon. Excerpt from his book, Earth in Human Hands: Shaping Our Planet’s Future. [Drawing courtesy from the collaborators of the book Being the Change: Live Well and Spark a Climate Revolution.]

About pancho

To live in radical joyous shared servanthood to unify the Earth family.
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