La Agonía del Patriarcado / The Agony of Patriarchy

–por Claudio Naranjo (Jun 29, 2017)

Creo que es válido intentar llevar a cabo una exploración unificada de nuestros males cognitivos, emocionales y sociopolíticos presentando la perspectiva propia del “patriarcado” como única raíz de la mentalidad industrial, el capitalismo, la explotación, la ansiedad, la alienación, la incapacidad para la paz, y el expolio de la tierra, entre otros males que estamos padeciendo. Si decimos que nuestra condición planetaria es una enfermedad, entonces propongo que el diagnóstico de nuestra enfermedad es la organización patriarcal de la mente y de la sociedad.

Pero podemos precisar aún más nuestro diagnóstico si nos centramos más exactamente en lo que se interpone entre nosotr@s y nuestra capacidad de hermandad: la palabra “patriarcal” invita a pensar que la razón por la cual fracasamos a la hora de crear entre nosotr@s relaciones fraternales, y lo que nos vuelve incapaces de amarnos auténticamente a nosotr@s mism@s (privándonos al mismo tiempo del amor que de ahí podría redundar hacia nuestros prójimos), es la persistencia, en el interior de cada ser humano y de la sociedad, de un vínculo obsoleto paternofilial, un vínculo de autoridad-dependencia, sustentado en una tiranía de lo paterno sobre lo materno y lo filial. […]

Aunque el patriarcado, por todo lo que representa, constituye algo así como el enemigo arquetípico de la humanidad desde sus mismos comienzos, en un principio sólo parecía representar una amenaza para el mundo de las mujeres. Con el tiempo, sin embargo, parece haberse impuesto la evidencia de que el enemigo arquetípico de la mujer merece también ser considerado como enemigo de l@s niñ@s y, en cuanto que tod@s tenemos algo de niñ@, como enemigo de tod@s. En este sentido, encuentro acertada la expresión acuñada del “eco-feminismo” que “sostiene que está en juego el destino de la especie humana y del Planeta, y que ninguna revolución dirigida por hombres podrá ser capaz de contrarrestar los horrores de la superpoblación y la destrucción de los recursos naturales.” […]

Durante 1938 el escultor y poeta Tótila Albert escribió tres “cartas”, que según recuerdo haberle oído decir, hubiera deseado que algún mecenas hubiese impreso y hecho llover por los cielos de Europa desde un aeroplano. Dos de estas cartas iban dirigidas a la “Madre” y al “Padre” respectivamente, y la tercera al “Hijo”, pero no a sus propia madre y  padre. Por Padre entendía el “padre absoluto”, el “principio paterno” propio del imperialismo.

Querida Madre:

Mi decisión ya está tomada. ¿También la tuya? Todo cuanto hago es por tu bien. ¿Obras tú también con respecto a mí, tu hijo, de esta forma? ¿O te dejas implicar en acciones que me resultan dañinas? Sé que estás al servicio de mi padre, y que lo haces de todo corazón. Sé que quieres su bien y el mío.

Sin embargo, eso no redunda en nuestro bienestar, pues tú prestas tu apoyo a quien se ocupa de nuestro sustento, pero es de ti de quien yo recibo el alimento. ¿O no es así? Así era cuando estaba en tu vientre. ¿Y ahora no? ¿Acaso mi padre se ha hecho cargo de darnos la comida? ¿Él, que es quien la consigue, se la guarda para sí?. ¿Es posible que no tenga intención de alimentarme? ¿Lo que quiere es convertir en negocio mi alimentación? Entonces no es él quien me alimenta.

¡Oh, madre! ¡Qué cosa tan fea acabo de decir! ¡Convertir en negocio nuestra alimentación! No puede hacer eso, no quiero creerlo. Pero tú sí que vas a hacer la compra, tú vas a la tienda y pagas dinero para comprar mi comida. ¡Dinero! Es mi padre quien lo gana. Pero ¿cómo tiene tiempo para ganar dinero si tiene que arar, sembrar, cosechar y hacer el pan? ¿Cómo tiene tiempo para ganar dinero? ¿Le has dado tú el encargo de ganarlo? ¿Y no te has guardado para ti el derecho de ganarlo? ¿Cómo es esto así? ¿Perdiste alguna vez este derecho? ¿Y lo has vuelto a conquistar?

Eres valiente, madre, pero dime cuando ahora ganas dinero, ¿cómo encuentras tiempo para llevarme en el vientre, alimentarme y hacerme la cama? ¿Qué digo? Debes también lavarme, vestirme, enseñarme a caminar. Caminar. Eso lo aprendí por mi mismo. Pero soy muy lento. Quiero decir que debes también enseñarme a hablar. ¿Qué me enseñaste a decir primero, “Mamá” o “Papá”? ¿O vine ya al mundo con estos sonidos eternos? Cuando cierro la boca, mis labios descansan el uno sobre el otro. Y hago “Mm”. Te veo entonces sonreír dulcemente, y digo “Ahhh”. Pero la m acababa de sonar. Lo oíste y respondiste: “Ma”. Y yo dije “Ma-ma”, lleno de alegría, y descubrí la lengua materna de todos los seres humanos. Pero ¿en qué quedamos en lo del dinero? Estábamos hablando de dinero. Preferiría pensar en cómo aprendí la dura y pesada sílaba “Pa”. Cuando la conocí, sin embargo, ¿cómo me gustaba repetir “Pa-pa” ante tus ojos brillantes? Querida madre, dejemos para otra ocasión el hablar de dinero. Tu hijo.

Después Totila escribió una serie de 66 himnos a los que, según recuerdo haberle oído decir, concebía como “afiches verbales” destinados a atraer la atención de la gente sobre los peligros de la obsolescencia del orden patriarcal en que estamos inmersos. “No queremos más gobiernos ni patrias”, “La Tierra nos ofrece su azada y nos teje las ropas.” Si las dos primeras líneas de estos himnos apuntan a una visión de un mundo sin maquinaria estatal apoyada en el poder, y en el que las necesidades humanas pueden satisfacerse, al final hay otros versos que también entrañan una visión optimista: así como la Naturaleza desempeña sus funciones sin pasarnos la factura, los seres humanos integrados en el orden natural (conforme a su más profunda naturaleza) constituyen generosas y amorosas prolongaciones de la Naturaleza misma, donde “nadie se ve privado del placer de sentirse útil”.

No queremos más cárceles”, continúa diciendo en referencia a la implícita condición de esclavitud en que se encuentra el individuo bajo el imperio del régimen patriarcal en la sociedad y en la interioridad de la mente. “No más aduanas ni más mataderos, Padre”, continúa. Hablar de aduanas es hablar de fronteras: no sólo comerciar con los bienes de la vida, sino la actual división del mundo en “patrias” constituyen para Tótila aspectos sustanciales del problema que nos afecta. “Matadero” naturalmente hace referencia al hecho de que las guerras resultan obligatorias, pues aunque ningún individuo aislado las quiere, el “Padre absoluto” a quien colectivamente servimos las impone, ya sea bajo la antigua figura de Rey Sacerdote o bajo la figura moderna de un gobierno supuestamente democrático. En las dos últimas lineas de esta estrofa se dirige a este padre, pidiéndole que vuelva a convertirse en el “puro consejero divino” que originalmente fue antes del advenimiento de su orden patriarcal.

La visión de Tótila difería de la del anarquismo político en cuanto que el mundo que él concebía, aunque no necesitado de gobierno, sí precisaba alguna forma de administración pública. Compartía, sin embargo, con l@s anarquistas más lúcidos la fe en que la libertad individual se manifiesta ante todo en un comportamiento amoroso compatible con el bien común: “La libertad es el camino recto por el que discurren las obligaciones”. Y más adelante exclama: “¡Fuera con el dinero! ¡Fuera con el negocio de las madres esclavas y l@s niñ@s esclav@s! ¡Tú quieres privar para siempre al que sueña de su despertar!”.

Así como una hormiga no es consciente de las limitaciones de su libertad, tampoco el ser humano, pasado un cierto umbral de robotización, es consciente de su esclavitud; pero a quien despierta a la verdadera naturaleza de la sociedad y de las relaciones humanas, esa esclavización del niño interior y de los aspectos femeninos de la propia psique a los dictados de una autoridad impuesta, resulta algo muy obvio. Hoy en día, sin embargo, no es la autoridad del Papa o del Emperador la que está generando en la gente esa condición a la que Tótila se refiere con la expresión “patriarcado degenerado”. Tótila termina el primer himno, diciendo: “Tal es, sin embargo, el sentido del sueño: ¡realizar el sueño al despertar! ¡Ya hemos conquistado el reino de la Tierra, convirtámoslo ahora en un hogar!”

–Claudio Naranjo. Adaptado de su libro, La Agonía del Patriarcado, publicado en 1993. Más información en su sitio web en español. [Arte de arriba por Colleen Choi]


I think that the search for a unified exploration of our cognitive, emotional and sociopolitical ills is valid. I have been exploring for a long time the view of “patriarchy” as the single root of industrial-mindedness, capitalism, exploitation, greed, anxiety, alienation, our incapacity for peace and the destruction of the natural world. If we call our planetary condition a disease, I propose, then, as the diagnosis of our ills the patriarchal organization of the mind and of society.

We can even be more precise in our diagnosis if we address ourselves more exactly to what stands between us and our potential for brotherhood and sisterhood: the word “patriarchal” invites us to think that our failure to establish fraternal relationships lies in an internal insistence –personal and societal– of an obsolete paternal/filial bond of authority/dependence supported by a tyranny of the paternal aspect over the maternal and the child-like that renders us incapable of genuinely loving ourselves and others. […]

Though patriarchy, and all it represents, has been the archenemy of humanity from the very beginning, at first it only seemed to be an enemy of women.  In time, however, it seems to have come to be understood that the archenemy of women also deserves to be regarded an enemy of the children, and since we all have been children€, an enemy of all. In this sense, I found accurate the coined phrase of “eco-feminism” that “maintains that the fate of the human species and of the Planet is at stake, and that no male-led ‘revolution’ will counteract the horrors of overpopulation and destruction of natural resources.” […]

In 1938 he wrote three “letters” which, as I remember having heard him say, €”he would have wished some kindhearted patron would print and drop from the skies of Europe. Two of these letters are addressed to “Mother” and “Father” respectively, and the third one is to “Son” €”but by now it is not to his personal parents that they are addressed, and “Father” stands for the “absolute father” €”the imperialistic “father principle.”

Dear Mother,

My decision is already taken. Is it also yours? Everything I do is for your good. Do you also act in this manner in regard to me, your child? Or do you become implicated in actions that are damaging to me? I know that you are at my father’s service. You do this out of the kindness of your heart. I know you want his good and mine. Yet this does not result in our well-being, for you support our provider, but it is from you that I receive the nourishment. Or is it not? So it was when I was in your womb. And not now? Has father taken over nourishment? He who produces it keeps it for himself? Is it possible that he is not intending to feed me? Is he mainly wanting to make a business of my nourishment? He is not my nourisher then.

Oh mother! What an ugly word I have just said! To make a business of our nourishment! That he cannot do. I don’t want to believe it. But you do go shopping. You go to a store and pay money for my nourishment. Money! It is father who earns it. But how does he have time to earn money if he must plow, sow, harvest, make bread? How does he have time to make money? Have you committed him earning it? And you have not retained for yourself the right to earn it? How is this so? Did you once lose this right? And you have conquered it again?

Valiant mother, now that you earn money, how do you find time to carry me in your womb, nourish me and make my bed? What do I say? You must also wash me, dress me, teach me to walk. Walking. That I learned by myself. And I am too slow. I want to say you must also teach me to talk. Did you teach me first “Mama” or “Papa”? Or did I come to the world with these eternal sounds? When I close my mouth my lips are the one over the other and I do “M-m.” Then I see your mild smile and I say “Ah.” But the “M” is now sounded. You heard it and answered “Ma” and I said “Ma-ma,” full of joy, and I discovered the mother tongue of all beings. But what was that about money? We did talk about money. How would I prefer to think about how I learned the hard and heavy syllable “Pa”? When I knew it, however, how did I like to repeat “Pa-pa” before your brilliant eyes? Let us talk about money on another occasion, dear mother. Your son.

Later Totila wrote a series of 66 hymns, which he conceived (as I remember hearing him say) as “verbal posters” destined to draw people’s attention toward the dangerous obsolescence of the patriarchal order in which we are immersed. “We no longer want governments and fatherlands”€” “The Earth presents us its shovels and weaves our garments”.

Just as the first two lines involve a vision of a world without a state machinery supported in power and in which human needs may be satisfied, the last two verses remind us of an optimist view to the effect: that just as Nature fulfills its functions without charging a payment, human beings integrated into the natural order –and attuned to their deepest nature– constitute generous and loving prolongations of Nature itself, so that “nobody would deprive himself of the pleasure of being useful.”

“We don’t want prisons anymore”, he continues to say in reference to the implicit condition of slavery of the individual under the patriarchal order in society and in the mind. “Neither customhouses nor slaughterhouses, Father”. To speak of customhouses is to speak of borders: not only doing business with the goods of life, but division of the world into “fatherlands” constitute, for Totila, a fundamental aspect of our problem. “Slaughterhouse,” naturally, makes reference to the fact that wars are obligatory, override any individual objections to them, regardless of whether the “absolute father” whom we collectively serve manifests in the form of the old-fashioned tyrant, or modern and supposedly democratic government. In the last two lines of this stanza, Totila addresses this father, demanding his return as “pure divine counselor” that he originally was before the patriarchal disorder.

Totila’s view differed from that of political anarchists in that the world that he conceived, even though without government, required administration. He shared with the more lucid anarchists, however, a faith that individual freedom blossoms in a loving expression and is compatible with the common good: “Freedom is the straight path along which the binding duties tread”. And still further along, he exclaims, “Away with money, away with the business of slaving women and slaving children! You want to deprive forever the dreaming sleeper of his awakening.”

Just as the ant has no awareness of its limited freedom, neither does roboticized humankind have an awareness of enslavement; but for one who awakens to the true condition of society and human relations, this condition of enslavement of the inner child and of the feminine aspects of the psyche to the dictates of an imposed authority becomes very obvious. Yet it is no longer the authority of the Pope, or the emperor that bears down on ordinary people –a condition to which Totila used to refer as the “degenerate patriarchate”. He ends this first hymn with, “Such, however, is the meaning of the dream: to realize the dream upon awakening! Conquered already is the Earth, let us turn it into a home!”

–Claudio Naranjo. Adapted from his book The Agony of Patriarchy, published in 1993. More information in his website in English. [The art above by Colleen Choi]

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To live in radical joyous shared servanthood to unify humanity.
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