#SabiduríaLakota: El Corazón de Todo lo que Es / #LakotaWisdom: The Heart of Everything That Is

 

 

–por Ronald Goodman  (Mar 24, 2017) [English below]

La investigación sobre la teología de estrellas Lakota ha añadido nuevas dimensiones para nuestra comprensión de cómo este pueblo indígena generó la mentalidad para vivir lo sagrado. Muestra que sentían una relación viva entre el macrocosmos, el mundo estelar y su mundo microcósmico en las llanuras. Hay un reflejo constante de lo que está arriba por lo que está abajo. La misma forma de la Tierra se percibe y es parecida a las constelaciones. Por ejemplo, el valle de arcilla roja que rodea a las Colinas Negras se parece, y por medio de la tradición oral se correlaciona con, una constelación lakota que consta de un gran círculo de estrellas. Ell@s correlacionaron varias de las constelaciones a sitios específicos en estas colinas. Estas montañas aisladas, sin nieve permanente llamadas las Colinas Negras (Black Hills) son conocidas por l@s Lakota como el “Corazón de Todo que Es“. Decimos que es el corazón de nuestro hogar y el hogar de nuestro Corazón. Algunas personas miran las estrellas y ven sólo soles distantes esparcidos por el cielo de la noche, otras ven patrones de guerrer@s, animales y ven criaturas que gobiernan sus vidas cotidianas. L@s lakotas miran ciertos patrones de estrellas y dicen: “Ahí está el Corazón de Todo lo que Es, y ahora estoy en casa”.

Recientemente hemos aprendido de algunos artefactos que definen claramente este reflejo. Son un par de pieles teñidas: una de ellas es un mapa de la Tierra con colinas, ríos y las crestas de montañas, etc. marcados en él. La otra piel es un mapa estelar. “Estos dos mapas son los mismos” nos dijo Stanley Caballo Mirando –el padre del Guardián de la Pipa Sagrada original–, “porque lo que está en la Tierra está en las estrellas, y lo que está en las estrellas está en la Tierra . ” […]

Pare el pueblo Lakota el tiempo es un gran factor en su modo de vivir. El conocimiento de las estrellas nos ayuda a comprender esta dimensión espacial temporal más plenamente. Podemos ver ahora que muchas de actividades Lakota fueron programadas para reflejar movimientos celestiales. Las estrellas son llamadas “El aliento santo o el habla santa del Gran Espíritu”, el woniya de Wakan Tanka. De este modo, cuando l@s lakota observaron el movimiento del Sol a través de sus constelaciones, estaban recibiendo instrucción espiritual. Sus observaciones cuando fueron interpretadas por la tradición oral lakota y sus mapas de estrellas y de la Tierra, les dijeron qué hacer, dónde y cuándo hacerlo.

Wetu (cuando la fuerza vital fluye), la primavera, es el tiempo de la renovación y la regeneración, y de la misma manera el Sol, al amanecer y al atardecer, está dentro de una parte del patrón de estrellas trazando la renovación de la creación y la regeneración espiritual de l@s lakota. Cada primavera un pequeño grupo compuesto por personas muy leales a varias bandas Lakota viaja a través del Corazón de Todo lo que Es, sincronizando sus movimientos con los movimientos del Sol a lo largo de la eclíptica. Cuando el Sol se mueve a una constelación lakota en particular, viajan al sitio correlacionado con esa constelación y llevan a cabo ceremonias allí.

A medida que el patrón de estrellas se mueve a través del Sol en ll amanecer y en el atardecer, la creación está llenando, iluminando y fumando la pipa con un aro sagrado donde toda la creación está presente. En la Tierra, l@s lakota participan en la misma ceremonia de renovación de la misma manera creando un cumplimiento de la unidad de todo el Universo. Para l@s lakota, los sistemas cosmológicos, el conocimiento astronómico y las actitudes tomadas hacia la Tierra, no están separadas de la cultura, las ceremonias, las organizaciones sociales y del arte. […]

Por ejemplo, esta piel pintada contiene un mandala que expresa la visión personal de una mujer lakota acerca de la forma de ver al mundo de la tribu. El mandala caracteriza la naturaleza de este Universo como una oración, es decir, como una “conversación sagrada” entre los parientes originarios: la abuela del sagrado abajo y el abuelo del sagrado arriba. El reflejo en esta obra expresa de varias maneras artísticas el concepto de reciprocidad. El círculo representa la noción de Wakan Tanka (el Creador) como infinito, que lo abarca todo, sin principio ni fin. Es “algo sagrado”, mientras que sigue siendo incomprensible para la especie humana, “Indescriptiblemente misterioso” es un intento de articular en castellano la naturaleza esencialmente inefable de la unidad divina de Wakan Tanka. También el diseño afirma que para l@s lakota el Cosmos es una casa de familiares. Al nivel humano dentro de la familia extendida, este reflejo, esta reciprocidad toma la forma de respeto mutuo entre parientes de sangre. La autora del mandala sabía que “lo que está en las estrellas está en la Tierra y lo que está en la Tierra está en las estrellas”. Una figura de reloj de arena (dos triángulos unidos en sus ápices) representan una oración. El triángulo de la parte inferior tiene que ver con la Tierra y la parte superior con los cielos. El diseño representa una oración que viene de la Tierra, que va al cielo y es encontrada en medio camino por los cuerpos celestes. El ave, especialmente el águila, es un símbolo lakota de ese poder por el que se facilita (o se lleva) la oración de abajo a arriba. El reflejo de la imagen alada implica que este mismo poder es mandado hacia abajo como respuesta. En otras palabras, la oración es contestada. El pueblo Lakota viven en un Universo compasivo. El arte de esta mujer enseña esto, enseña que el Universo es creado y sostenido por el respeto mutuo y la compasión. […]

Para l@s lakotas, todas las cosas en el Universo están relacionadas, cada parte de la creación representa el todo y el todo está presente en cada una de sus partes. Todo en la creación viene y vuelve al centro. De hecho, la palabra lakota para ‘oración’ –wacekiya – significa “hablar con familiares”; o para expresarlo de otra manera, una de las intenciones de la oración es hacerse parientes con los poderes espirituales que residen en las seis direcciones y también con las plantas y los seres humanos, las piedras y los animales. Para l@s lakotas hacer hacerse parientes de esta manera transforma un mundo extraño y que de otro modo sería peligroso, en una casa de familiares, en una familia cósmica extendida donde todas las interacciones se basan en el respeto mutuo. Una persona lakota puede mirar desde el Sol hasta el búfalo, desde el águila hasta el árbol de álamo y decir honestamente y con gratitud, mitakuye oyasin, “tod@s mis parientes”, “éstos son todos mis familiares”. […]

El Corazón de Todo lo que Es fue creado para mostrarnos que tenemos una relación especial con nuestra primera y verdadera madre, la Tierra, y que hay responsabilidades vinculadas a esta relación. El Creador puso las estrellas de una forma tal que lo que está en los cielos está en la Tierra y lo que está en la Tierra está en los cielos, de la misma forma. Cuando oramos de esta manera, lo que se hace en los cielos se hace en la Tierra, de la misma manera. Junt@s, toda la creación participa en las ceremonias durante todo el año. El Gran Espíritu tuvo la intención de que siempre mantengamos especiales a las Colinas Negras en nuestros corazones, para que nos recuerden cada noche que tenemos un hogar sagrado. Y, todo lo que un@ tiene que hacer para estar en el Corazón de Todo lo que Es, es mirar un patrón de estrellas y estar espiritualmente con las Colinas Negras. Una renovación constante de la relación viajando a casa, a ese lugar especial, con las estrellas.

Así que esta noche, camina afuera y mira hacia arriba. Ve las Ceremonias Sagradas de la Primavera de las Colinas Negras, comprenderás y sabrás por qué este lugar es tan especial. Y luego regresa, de la manera en la que l@s lakotas lo han hecho durante miles de años, al Corazón de Todo lo que Es, al corazón de nuestro hogar y al hogar de nuestro corazón. Entonces, cuando el Sol pase por cada parte del patrón de estrellas, prepárate para viajar a tu hogar y renovar el círculo, una vez más, para que l@s hij@s de la Tierra de todas las direcciones puedan vivir bien, en la manera adecuada en la que el Poder del Mundo vive y se mueve para hacer su trabajo, para que tod@s podamos estar bien, junt@s, y con nuestras generaciones, caminar sobre el camino sagrado rojo, de forma que cuando lo hagamos, bailemos.

— Ronal Goodman del libro Conocimiento Lakota de Estrellas, estudios sobre teología de estrellas lakota. 1992. [Mandala lakota tomado del mismo libro].


Research into Lakota stellar theology has added new dimensions to our understanding of how this Indigenous People generated the mentality for experiencing the sacred. It shows that they felt a vivid relationship between the macrocosm, the star world, and their microcosmic world on the plains. There was a constant mirroring of what is above by what is below. The very shape of the Earth was perceived as resembling the constellations. For example, the red clay valley which encircles the Black Hills looks like (and through Oral Tradition is correlated with) a Lakota constellation which consists of a large circle of stars. They correlated several of the constellations to specific sites in these hills. These isolated, non-glaciated mountains called the Black Hills are known to the Lakota as the “Heart of Everything That Is“. We say it is the heart of our home and the home of our Heart. Some people look at the stars and see only distant suns scattered about the night sky, others see patterns of warriors, animals, and see creatures that they view as governing their everyday lives. The Lakota look at certain star patterns and say: “There is the Heart of Everything That Is, and now I am home.”

Recently, we learned of some artifacts which clearly define this mirroring.  They are a pair of tanned hides: one hide is an earth map with buttes, rivers and ridges, etc. marked on it. The other hide is a star map. “These two maps are the same” we were told by Stanley Looking Horse –the father of the Keeper of the original Sacred Pipe–, “because what’s on the Earth is in the stars, and what’s in the stars in on the Earth.” […]

The Lakota have a time-factored lifeway. The star knowledge helps us to understand this temporal spacial dimension more fully. We can see now that many Lakota activities were timed to mirror celestial movements. The stars are called, “The holy breath or speech of the Great Spirit,” the woniya of Wakan Tanka. Thus, when the Lakota observed the movement of the Sun through their constellations, they were receiving spiritual instruction. Their observations when interpreted by Lakota Oral Tradition and their star and Earth maps, told them what to do, where to do it and when.

Wetu –when the life force flows– Spring is the time of renewal and regeneration, and so as the Sun, at daybreak and sunset, is within a part of the pattern it traces the renewal of creation and the spiritual regeneration of the Lakota. Each Spring, a small group composed by especially devoted members from several Lakota bands journeyed through the the Heart of Everything That Is, synchronizing their movements to the motions of the Sun along the ecliptic. As the Sun moved into a particular Lakota constellation, they travelled to the site correlated with that constellation and held ceremonies there.

As the pattern moves across the Sun at sunrise and sunset, creation is filling, lighting and smoking the pipe with a sacred hoop where all of creation is present, altogether. On Earth, the Lakota participate in this same ceremony of renewal in the same way. A fulfillment of the unicity of the entire Universe. For the Lakota, cosmological systems, astronomical knowledge and attitudes towards the Earth, do not stand alone apart from culture, ceremonies, social organizations, and the art. […]

For example, this parfleche contains a mandala which expresses a Lakota woman’s personal vision of the tribe’s world view. The mandala characterizes the nature of this Universe as  a prayer, that is, as “sacred talk” between the primal relatives: sacred below grandmother, and sacred above grandfather. The mirroring in this work expresses by various artistic means the concept of reciprocity. The circle represents the notion of Wakan Tanka (the Creator)  as infinite, all encompassing, with no beginning and no end. It is “something sacred” while remaining incomprehensible to humankind –“Indescribably mysterious” is an attempt to articulate in English the essentially inefable nature of the divine Oneness of Wakan Tanka. Also the design affirms that for the Lakota the Cosmos is a house of relatives. On the human level within the extended family, this mirroring, this reciprocity takes the form of mutual respect between blood relatives. The author of the mandala knew that “what is in the stars is on Earth and what is on Earth is in the stars”. An hourglass figure (two triangles joined at their apexes) represent a prayer. The lower part triangle has to do with the Earth and the upper part is the heavens. The design represents a prayer from Earth going to heaven and been met halfway by the heavenly bodies. The bird, especially the eagle, is a Lakota symbol for that power which mediates (or carries) prayer from below to above. The mirroring of the winged image implies that this same power is sent back down in response. In other words, prayer is answered. The Lakota live in a compassionate Universe. Her art teaches this, teaches that the Universe is created and sustained by mutual respect and compassion. […]

For the Lakota, all things in the Universe are related, each part of creation represents the whole and the whole is present in each of its parts. Everything in creation comes from and returns to the center. In fact, the Lakota word for ‘prayer’ —wacekiya— means “talking with relatives”; or to express this in another way, one of the intentions of prayer is to make relatives with the spiritual powers which abide in the six directions, and also with plants and humans, stones and animals. For the Lakota to make relatives in this manner transforms a strange and otherwise dangerous world into a house of relatives, into a cosmic extended family where all interactions are founded on mutual respect. A Lakota can look from the Sun to the buffalo, from the eagle to the cottonwood and say truthfully and gratefully, mitakuye oyasin, “all my relatives”, “these are all my relatives.” […]

The Heart of Everything That Is was created to show us that we have a special relationship with our first and real mother, the Earth, and there are responsibilities tied to this relationship. The Creator put the stars in a manner so what is in the heavens is on Earth, what is on Earth is in the heavens, in the same way. When we pray in this manner, what is done in the skies is done on Earth, in the same way. Together, all of creation participates in the ceremonies all year. The Great Spirit intended that we must always hold the Black Hills special to our hearts, so we are reminded every night that we have a sacred home. And, all one has to do to be in the Heart of Everything That Is, is to look at a star pattern and be spiritually with the Black Hills. A constant renewal of relationship by traveling home, to that special place, with the stars.

So tonight, walk outside and look up. See the Black Hills Sacred Ceremonies of Spring, and you will understand and know why this place is special. And return, in the manner the Lakota have done for thousands of years, to the Heart of Everything That Is, to the heart of our home and the home of our heart. Then when the Sun passes through each part of the star pattern, prepare to travel home and renew the circle, once more, that the children of the Earth from all directions, may all live well in the manner suited to the way the Power of the World lives and moves to do its work, that we may all be well, altogether, and with our generations, walk on the sacred red road in a dancing manner.

— Ronal Goodman from the book Lakota Star Knowledge, Studies In Lakota Stellar Theology, 1992. [Lakota Mandala taken from the same book]

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