La renovación da valor a las cosas / Renewability Makes Something Valuable

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– por Martin Prechtel (May 13, 2016) [English below]

En los pueblos, la gente solía construir sus casas con materiales tradicionales, no usaban hierro o madera o clavos, pero las casas eran magníficas. Muchas se cosían juntas hechas de corteza y fibra. Como con la casa del cuerpo, la casa en la que una persona duerme tiene que ser muy bonita y robusta, pero no tan robusta como para que no se rompa al cabo de un tiempo. Si tu casa no se rompe no hay razón para renovarla. Y es la renovación la que da valor a las cosas. El mantenimiento da sentido.

El secreto de la unidad y la felicidad del pueblo ha sido siempre la generosidad de la gente, pero la clave de esa generosidad es la ineficiencia y el deterioro. Como las cabañas de nuestro pueblo no fueron construidas para durar mucho, tenían que ser renovadas regularmente. Para hacer esto, los habitantes del pueblo se unían, al menos una vez al año, para trabajar en la cabaña de alguien. Cuando tu casa se estaba cayendo invitabas a toda la gente. Los niños pequeños corrían alrededor revolviendo todo lo que los mayores estaban haciendo. Las mujeres jóvenes traían el agua. Los hombres jóvenes llevaban las piedras. Los más mayores les decían a los otros que no lo estaban haciendo bien. Una vez que la casa ya estaba arreglada de nuevo entre todos, comían juntos, elogiaban la casa, reían y lloraban. En unos pocos días, se iban a la siguiente casa. De esta forma, las casas de todas las familias eran rehabilitadas y recordadas. Así es cómo funcionó siempre.

Entonces llegaron los misioneros y los hombres de negocios y los políticos y trajeron casas robustas de hojalata y madera. Ahora las casas duran pero las relaciones no.

De alguna forma, las crisis unen a las comunidades. Incluso hoy en día, si hay una inundación, o si alguien va a construir una autopista en nuestro vecindario, la gente se une para solucionar el problema. Los Mayas no esperaban a que viniera la crisis; ellos creaban la crisis. Su espiritualidad se basaba en desastres coreografiados – conocidos como rituales—en los que todo el mundo tenía que trabajar junto para rehacerse la ropa, o la casa de cada uno, o la comunidad, o el mundo. Es rehacer, renovar, lo que finalmente hace fuertes a las cosas. Eso también pasa con nuestras casas, nuestro lenguaje, nuestras relaciones.

Es un delicado equilibrio, hacer que algo no sea tan endeble que se desmorone pronto, ni tan sólido que sea permanente. Requiere un tipo de habilidad especial. Todos queremos hacer algo que vaya a perdurar después de nosotros, pero esa cosa no debería ser una casa o un objeto físico. Debería ser un pueblo que continúe manteniéndose a si mismo. La constante renovación es la única permanencia que deberíamos desear lograr.

Martin Prechtel Criado en Nuevo Mexico en una reserva de indígenas Pueblo, Martin Prechtel es el autor de “Los Secretos del Jaguar que habla y la Larga Vida”, “Miel en el Corazón”. El extracto de arriba es de una entrevista para “Sun Magazine”. Texto original en inglés en Awakin.org, Traducción cortesía de María Ayala.



Renewability Makes Something Valuable

In the village, people used to build their houses out of traditional materials, using no iron or lumber or nails, but the houses were magnificent. Many were sewn together out of bark and fiber. Like the house of the body, the house that a person sleeps in must be very beautiful and sturdy, but not so sturdy that it won’t fall apart after a while. If your house doesn’t fall apart, then there will be no reason to renew it. And it is this renewability that makes something valuable. The maintenance gives it meaning.

The secret of village togetherness and happiness has always been the generosity of the people, but the key to that generosity is inefficiency and decay. Because our village huts were not built to last very long, they had to be regularly renewed. To do this, villagers came together, at least once a year, to work on somebody’s hut. When your house was falling down, you invited all the folks over. The little kids ran around messing up what everybody was doing. The young women brought the water. The young men carried the stones. The older men told everybody what to do, and the older women told the older men that they weren’t doing it right. Once the house was back together again, everyone ate together, praised the house, laughed, and cried. In a few days, they moved on to the next house. In this way, each family’s place in the village was reestablished and remembered. This is how it always was.

Then the missionaries and the businessmen and the politicians brought in tin and lumber and sturdy houses. Now the houses last, but the relationships don’t.

In some ways, crises bring communities together. Even nowadays, if there’s a flood, or if somebody is going to put a highway through a neighborhood, people come together to solve the problem. Mayans don’t wait for a crisis to occur; they make a crisis. Their spirituality is based on choreographed disasters — otherwise known as rituals — in which everyone has to work together to remake their clothing, or each other’s houses, or the community, or the world. Everything has to be maintained because it was originally made so delicately that it eventually falls apart. It is the putting back together again, the renewing, that ultimately makes something strong. That is true of our houses, our language, our relationships.

It’s a fine balance, making something that is not so flimsy that it falls apart too soon, yet not so solid that it is permanent. It requires a sort of grace. We all want to make something that’s going to live beyond us, but that thing shouldn’t be a house, or some other physical object. It should be a village that can continue to maintain itself. That sort of constant renewal is the only permanence we should wish to attain.

Martin Prechtel Raised in New Mexico on a Pueblo Indian reservation, Martin Prechtel is the author of Secrets of the Talking Jaguar and Long Life, Honey in the Heart. Text from Awakin.org.

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