Tierra y Dignidad Común / Land & Common Dignity

–por Barry Lopez (Dec 11, 2015) [English below]

Gracias_ThankYouEse intenso ensueño vino por la luz, la claridad del aire y, ciertamente, el deseo de comprender qué era, por más que yo quisiera suprimirlo, lo que siempre había estado ahí. Encontré en el sombreado de la tierra, en las sugerencias del paisaje y todo lo que contenía, las maneras en que la vida humana se las arregla para salir adelante y sobrevivir. Mirar a la tierra nunca fue para olvidar la gente que vivía en ella.

Para que una relación con el paisaje sea duradera, debe de ser recíproca. Al nivel en el cual la tierra provee nuestra comida, esto no es difícil de comprender y la mutualidad es frecuentemente reconocida al “dar las gracias” antes de comer. Al nivel en el que el paisaje nos parezca hermoso o peligroso, y nos deje afectad@s, o al nivel en el cual nos provee con las metáforas y símbolos con los que curioseamos dentro del misterio, la naturaleza de la reciprocidad es más difícil de definir. Al acercarse a la tierra con un actitud de obligación, estando dispuest@ a observar las cortesías difíciles de poner en palabras (posiblemente sólo una reverencia con las manos), un@ establece una consideración de la cual dignidad puede surgir. De esa relación de dignidad con la tierra, es posible imaginar una extensión de relaciones de dignidad por todas partes en la vida de un@ mism@. Cada relación está hecha de la misma integridad, que en un principio hace decir a la mente: las cosas en la tierra juntas encajan perfectamente, aunque siempre estén cambiando. Quisiera que el orden de mi vida pudiese estar arreglado de la misma manera en la que encuentro la luz, el leve movimiento del viento, la voz de un pájaro, la dirección de una vaina de semillas que veo enfrente de mi. Esta integridad impecable e indiscutible es la que quiero en mi mismo.

Uno de los sueños más antiguos de la humanidad es encontrar la dignidad que pueda incluir a todas las cosas vivientes. Y uno de los más grandes anhelos humanos debe ser traer esta dignidad a los sueños de un@ mism@, para que de alguna manera cada un@ encuentre el camino hacia su vida ejemplar. La lucha para hacer esto es una lucha porque la sensibilidad adulta debe encontrar una manera de incluir todos los hilos oscuros de la vida. Una forma de hacer esto es poner atención a lo que ocurre en una tierra no tocada por los esquemas humanos, donde un orden original todavía prevalece.

La dignidad que buscamos va más allá de aquella articulada por l@s filósof@s de la Ilustración. Una Ilustración más radical es necesaria, una en la cual la dignidad es entendida como una cualidad innata, no como algo dado por alguien en el exterior. Y esa dignidad común debe incluir a la tierra y sus plantas y criaturas. De otra forma, es sólo una invención y no, como debiese ser, una percepción acerca de la naturaleza de la materia viva. […]

Contemplar lo que la gente está haciendo aquí [en la parte del Planeta que llamamos el Ártico] e ignorar el universo de la foca, considerar las situaciones difíciles y búsquedas humanas y no conocer a la tierra, no escucharle, pensé, pareció ser algo fatal. A lo mejor no para mañana mismo, ni para el próximo año, pero si fatal si miras el largo camino de nuestra evolución determinada y si piensas acerca de las causas que nos han llevado hasta donde estamos.

Entonces, el corazón de esta narrativa está en tres temas: la influencia del paisaje del Ártico en la imaginación humana. Cómo un deseo de poner en uso un paisaje moldea nuestra evaluación de él. Y, confrontad@s con un paisaje desconocido, qué pasa con nuestro sentido de riqueza. ¿Qué significa haber crecido en riqueza? ¿Es tener aventuras ensangrentadas para hacer una fortuna, que es lo que trajo a los caza-ballenas y sus emprendedores al norte? ¿o es, en cambio, tener una buena vida de familia y estar empapad@ en un conocimiento íntimo y con gran alcance de la tierra donde un@ vive, que es lo que l@s Tununirmiut le dijeron a los caza-ballenas en la Bahia de Pond cuando les explicaron qué era “riqueza”? ¿Es mantener la capacidad de asombrarse e impresionarse en nuestras vidas y seguir con el hambre de buscar lo que es genuino y lo que vale la pena? ¿Es vivir en paz moral con el Universo?

Ciertamente, es imposible saber la respuesta a esta pregunta, pero al conocer un lugar donde los elementos comunes de la vida son entendidos de manera diferente, un@ tiene la ventaja de una perspectiva modificada. Con ese cambio, es posible imaginar de nuevo el camino hacia una seguridad duradera del alma y el corazón, y hacia una adaptación en el flujo del tiempo que llamamos historia, el nuestro y el del Mundo.

Conforme se desenvuelve ese sueño… es, semejantemente, el sueño de personas comunes y corrientes y el de grandes seres humanos.

 
Barry Lopez en su libro Sueños del Ártico  [Dibujo ofrecido como un regalo anónimo :-)]

 

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That intense reverie came because of the light, the clearness of the air, and certainly the desire to comprehend, which, however I might try to suspend it, was always there. I found in adumbrations of the land, in suggestions of the landscape and all that it contained, the ways human life sorts through itself and survives. To look at the land was never to forget the people it contained.

For a relationship with landscape to be lasting, it must be reciprocal. At the level at which the land supplies our food, this is not difficult to comprehend, and the mutuality is often recalled in a grace at meals. At the level at which landscape seems beautiful or frightening to us and leaves us affected, or at the level at which it furnishes us with the metaphors and symbols with which we pry into mystery, the nature of reciprocity is harder to define. In approaching the land with an attitude of obligation, willing to observe courtesies difficult to articulate—perhaps only a gesture of the hands—one establishes a regard from which dignity can emerge. From that dignified relationship with the land, it is possible to imagine an extension of dignified relationships throughout one’s life. Each relationship is formed of the same integrity, which initially makes the mind say: the things in the land fit together perfectly, even though they are always changing. I wish the order of my life to be arranged in the same way I find the light, the slight movement of the wind, the voice of a bird, the heading of a seed pod I see before me. This impeccable and indisputable integrity I want in myself.

One of the oldest dreams of humankind is to find a dignity that might include all living things. And one of the greatest of human longings must be to bring such dignity to one’s own dreams, for each to find his or her own life exemplary in some way. The struggle to do this is a struggle because an adult sensibility must find some way to include all the dark threads of life. A way to do this is to pay attention to what occurs in a land not touched by human schemes, where an original order prevails.

The dignity we seek is one beyond that articulated by Enlightenment philosophers. A more radical Enlightenment is necessary, in which dignity is understood as an innate quality, not as something tendered by someone outside. And that common dignity must include the land and its plants and creatures. Otherwise it is only an invention, and not, as it should be, a perception about the nature of living matter.[…]

To contemplate what people are doing out here [in the part of the Planet we call the Arctic] and ignore the universe of the seal, to consider human quest and plight and not know the land, I thought, to not listen to it, seemed fatal. Not perhaps for tomorrow, or next year, but fatal if you looked down the long road of our determined evolution and wondered at the considerations that had got us this far.

At the heart of this narrative, then, are three themes: the influence of the arctic landscape on the human imagination. How a desire to put a landscape to use shapes our evaluation of it. And, confronted by an unknown landscape, what happens to our sense of wealth. What does it mean to grow rich? Is it to have red-blooded adventures and to make a fortune, which is what brought the whalers and other entrepreneurs north? Or is it, rather, to have a good family life and to be imbued with a far-reaching and intimate knowledge of one’s homeland, which is what the Tununirmiut told the whalers at Pond’s Bay wealth was? Is it to retain a capacity for awe and astonishment in our lives, to continue to hunger after what is genuine and worthy? Is it to live at moral peace with the Universe?

It is impossible to know, clearly, the answer to this question; but by coming to know a place where the common elements of life are understood differently one has the advantage of an altered perspective. With that shift, it is possible to imagine afresh the way to a lasting security of the soul and heart, and toward an accommodation in the flow of time we call history, ours and the world’s.

That dream as it unfolds… is the dream of great and common people alike.

 

Barry Lopez from his book Arctic Dreams  [Illustration offered as an anonymous gift :-)]

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