Hallarse A Un@ Mism@ / Finding Yourself

–por Moussa Ag Assarid (Nov 27, 2015) [English below]

Touareg-Moussa-Ag-AssaridMoussa Ag Assarid (MAA): No sé mi edad, nací en el desierto del Sahara, sin papeles… Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de la parte del Planeta que llamamos Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy (2007) estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a l@s pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo.

Periodista (P): ¡Qué turbante tan hermoso!
(MAA): Es una fina tela de algodón que permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena y a la vez seguir viendo y respirando a través de ella.

P: Es de un azul bellísimo…
MAA: A l@s tuareg nos llamaban l@s hombres y l@s mujeres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados…

P: ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
MAA: Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para l@s tuareg, es el color del Mundo.

P: ¿Por qué?
MAA: Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.

P: ¿Quiénes son l@s tuareg?
MAA: Tuareg significa “abandonad@s”, porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: “Señor@s del Desierto”, nos llaman. Nuestra etnia es la Amazigh (Bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.

P: ¿Cuánt@s son?
MAA: Unos tres millones y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece… “¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!”, denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.

P: ¿A qué se dedican?
MAA: Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio…

P: ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
MAA: Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a un@ mism@.

P: ¿Qué recuerdos de tu niñez en el desierto conservas con mayor nitidez?
MAA: Me despierto con el Sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotr@s las llevamos a donde hay agua y hierba… Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre…. Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!

P: ¿Sí? No parece muy estimulante…
MAA: Mucho. A los 7 años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el Sol y las estrellas… Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.

P: Saber eso es valioso, sin duda…
MAA: Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!

P: Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
MAA: Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar junt@s! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada un@ ya es!

no-need-to-hurryP: ¿Qué es lo que más te impactó en tu primer viaje a la parte del Planeta que llamamos Europa?

MAA: Vi correr a la gente por el aeropuerto. ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro.
P: Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja…

MAA: Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté… Después, en el hotel, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua… y sentí ganas de llorar.

P: Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
MAA: ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso…

P: ¿Tanto como eso?
MAA: Sí. A principios de los 90s hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enferm@s… Yo tendría unos 12 años, y mi madre murió… ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.

P: ¿Qué pasó con tu familia?
MAA: Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba 15 kilómetros… Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar frente a su casa… Entendí: mi madre estaba ayudándome…

P: ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
MAA: De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: “El Principito”. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo…

P: Y lo lograste.
MAA: Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en la parte del Planeta que llamamos Francia.

P: ¡Un tuareg en la universidad!
MAA: Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella… Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra… Aquí, por la noche, miran la tele.

P: Sí. ¿Qué es lo que peor que te parece de aquí?
MAA: Mucha gente aquí tiene de todo, pero no les basta. Se quejan. ¡En la parte de la Tierra que llamamos Francia mucha gente se pasa la vida quejándose! Se encadenan de por vida a un banco y hay ansia de poseer, frenesí, prisa… En el desierto no hay embotellamientos de tráfico, ¿y sabes por qué? ¡Porque allí nadie quiere rebasar a nadie!

P: Cuéntame un momento de felicidad intensa en tu lejano desierto.
MAA: Es cada día, dos horas antes de la puesta del Sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde.

P: Fascinante, desde luego…
MAA: Es un momento mágico… Entramos tod@s en la tienda y hervimos té. Sentad@s, en silencio, escuchamos como hierve el agua… La calma nos invade a tod@s: los latidos del corazón se acompasan con el hervor de agua pot-pot-pot…

P: Qué paz…
MAA: Aquí tienen reloj, allá tenemos tiempo.

 

–Moussa Ag Assarid.  De la entrevista con Víctor Amela: Escritor Tuareg, Defensor de l@s pastores.  Otra entrevista adicional: L@s Tuareg somos las mariposas azules del desierto. [El comic creativo de arriba por Dharma Comics ;-)]

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Moussa Ag Assarid(MAA): I don’t know my age. I was born in the Sahara desert, with no papers. I was born in a nomadic camp of Touaregs, between Timbuktu and Gao, in the north of the part of the Planet we call Mali. I have been a shepherd of camels, goats, sheep and cows for my father. Today I study Management in the University of Montpellier. I am a bachelor. I serve as an advocate for the Touareg shepherds. I am a Muslim without fanaticism.
Journalist (J): What a beautiful turban!
MAA: It is a fine cotton fabric: it allows me to cover my face in the desert when the wind blows sand, and allows me to continue to see and to breathe through it.

J: It is a beautiful blue color.
MAA: We Touaregs have long been called “the blue men” because of this color. Interestingly the fabric loses the color and transfers some of the blue ink onto our skin.

J: How do you get this intense blue?
MAA: From a plant called indigo, mixed with other natural pigments. The blue, for the Touaregs, is the color of the world.

J: Why?
MAA: It’s the dominant color, of the sky, the roof of our home.

J: Who are the Touareg?
MAA: Touareg means ‘abandoned’, because we are an old nomadic tribe of the desert. We are lonely and proud: masters of the desert, they call us. Our ethnic group is Amazigh (or Bereber), and our alphabet is the Tifinagh.

J: How many are there of you?
MAA: Approximately three million, the majority still are nomadic. But the population is decreasing. A wise man asked: “Is it necessary for a tribe to disappear to realize they existed?” I am working to preserve this tribe.

J: What do they do for a living?
MAA: We shepherd camels, goats, sheep, cows and donkeys in a kingdom of infinite and of silence…

J: Is the desert really so silent?
MAA: If you are on your own in that silence you hear your heart beat. There is no better place to meet yourself.

J: What memories do you have of your childhood in the desert?
MAA: I wake up with the Sun. The goats of my father are there. They give us milk and meat, and we take them were there is water and grass. My great-grandfather did it, and my grandfather, and my father, and me. There was nothing else in the world than that, and I was very happy!

J: Really? It doesn’t sound very exciting.
MAA: It is. At the age of seven you can go alone away from the camp, and for this you are taught the important things—to smell the air, to listen, to see carefully, to orient with the Sun and the stars…and to be guided by the camel if you get lost. He will take you where there is water.

J: To know that is valuable, no doubt.
MAA: Everything is simple and profound there. There are very few things, and each one has enormous value.

J: So that world and this one are very different.
MAA: There, every little thing gives happiness. Every touch is valuable. We feel great joy just by touching each other, being together. There, nobody dreams of becoming, because everybody already is.

J: What shocked you most on your first trip to the part of the Planet we call Europe?
MAA: I saw people running in the airport. In the desert you only run if a sandstorm is approaching! It scared me, of course.

J: They were going after their baggage, ha ha.
MAA: Yes, that was it. I also saw advertisement with naked women. Why this lack of respect for women? I wondered. Then at the hotel I saw the first faucet of my life: I saw the water run and wanted to cry.

J: Because of the waste, the abundance?
MAA: Every day of my life had been involved in seeking water. When I see the ornamental fountains here and there, I still feel an intense pain.

J: Why?
MAA: In the early 90s there was a big drought, animals died, and we became sick. I was about twelve years old and my mother died. She was everything to me! She used to tell me stories and taught me to tell stories. She taught me to be myself.

J: What happened to your family?
MAA: I persuaded my father to let me go to school. Every day I walked 15 kilometers, until one teacher gave me a bed to sleep in and a woman gave me food when I walked by her house. I then understood what was happening; my mother was helping me.

J: Where did you get interested in school?
MAA: A few years before the Paris-Dakar motor rally came through the camp and a journalist dropped a book from her backpack. I picked it up and gave it to her. She gave it to me and talked to me about that book: “The Little Prince”. I promised myself that I would be able to read it one day…

J: And you did.
MAA: Yes, and because of that I won a scholarship to study in the part of the Planet we call France.

J: A Touareg going to college!
MAA: Ah, what I most miss here is the camel milk. And the wood fires. And walking barefoot on the warm sand. And the stars. We watched them every night, every star is different, just as every goat is different. Here, in the evenings, people watch TV.

J: That is true. What do you dislike the most here?
MAA: Many people here have everything, and it is still not enough for them. They complain. In the part of the Planet we call France many people complain all the time! They chain themselves to a bank; n¡many people are anxious to have things, to have possessions. People are in a rush. In the desert there are no traffic jams, and do you know why? Because there nobody is interested in getting ahead of other people!

J: Tell me about a moment of deep happiness for you in the desert.
MAA: It happens every day, two hours before sunset. The heat decreases, there is still no cold air, and men and animals slowly return to the camp, and their profiles are painted against a sky that is pink, blue, red, yellow, green.

J: That sounds fascinating.
MAA: It’s a magical moment… We all get into the tents and we boil tea. Sitting in silence we listen to the sound of the boiling water… We all are immersed in calmness: with the heartbeats tuned to the rhythm of the boiling water, potta potta potta…

J: How peaceful.
MAA: Yes…here you have watches; there, we have time.

 

–Moussa Ag Assarid.  From the interview with Víctor Amela: Touareg Writer Defender of Shepherds. [Creative comic above by Dharma Comics ;-)]

About Pancho

To live in radical joyous shared servanthood to unify humanity.
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