La Ecología del Gozo en Nuestros Movimientos y Espacios Radicales

 

LA ECOLOGÍA DEL GOZO EN NUESTROS MOVIMIENTOS Y ESPACIOS RADICALES

Preámbulo:algunas ideas sobre JM/SM1 — Entrevistando a Gustavo Esteva  [the interview is also available in English]

The Purple Thistle (Vancouver)

Consideramos que como activistas tenemos la capacidad de participar en acciones que confrontan y resisten el orden dominante y, al mismo tiempo, pensamos que podemos y debemos forjar momentos de goce; momentos de una vida próspera. Podemos vivir nuestras vidas de una manera amable y convivial para cuidar realmente los unos de los otros, fomentar una generosidad radical aquí y ahora, y no esperar a que la revolución o el desastre irrumpan antes de que nosotros vivamos nuestras vidas de un modo verdaderamente radical, creativo y alegre.

Sugerimos que una forma útil de pensar acerca de la política radical se da a través de los lentes del goce y la tristeza. Tenemos un significado específico para estos términos a partir de Spinoza y otros filósofos. El goce significa permitir el mundo en nosotros y darnos nosotros mismos al mundo: ser vulnerables, compasivos, experimentales, creativos y tener la capacidad de abrazar la incertidumbre. La tristeza, por su parte, significa crear límites, trazar distinciones, comparar, realizar planes, entre otros. Estas definiciones resultan contraintiuitivas ya que no estamos pensando en sentimientos de alegría o infelicidad. En la manera en la cual empleamos estos términos puede haber lugar para la risa, la felicidad, la pena y la rabia tanto en el goce como en la tristeza. Aunque se trata de una distinción en la que separamos dichas nociones, queremos, inmediatamente, ligarlas de nuevo: no es posible la una sin la otra. Todos los movimientos, espacios, colectivos e individuos poseen elementos de goce y tristeza: aquellos están unidos entre sí, colaboran entre sí, se obstaculizan mutuamente y se encuentran en constante cambio y transformación. Con frecuencia necesitamos buenos límites para crear espacios radicales en un mundo opresivo; necesitamos hacer planes y estar abiertos a cambiarlos—a la vez que nosotros mismos nos transformamos.

Nuestra sospecha, sensación, corazonada o experiencia es que hoy existe demasiada tristeza y no hay suficiente goce en muchos movimientos y espacios radicales. Hay demasiada energía y esfuerzo en pensar intelectualmente, hacer distinciones, cierres y crear límites; pensamos que todo aquello está exprimiendo posibilidades de convivencialidad, creatividad y amabilidad. A partir de la lectura que hemos realizado y de las personas con quienes hemos conversado hasta el momento, consideramos que esta tendencia está ligada a la supremacía blanca, el hetero-patriarcado, el racismo, el colonialismo y el capitalismo: se trata del orden dominante y sus sistemas de opresión filtrándose en los movimientos de manera a la vez manifiesta y soterrada…con frecuencia entre quienes más se ufanan de su radicalismo. En breve, la militancia triste y su tendencia al purismo ideológico, el intelectualismo, el miedo a la humillación, entre otros, es más común entre los blancos. A esta tendencia—demasiada tristeza y poca o deficiente alegría—la hemos denominado militancia triste. Esto se manifiesta en actitudes de perfeccionismo, desconfianza, cinismo, miedo, pureza ideológica, competencia, carrera acelerada hacia el radicalismo, miedo a los errores/humillación, odio-a-sí-mismo. Como alternativa, hemos tratado de apuntarle a una concepción distinta del radicalismo que necesariamente contiene algunos elementos de tristeza (límites, crítica, entre otros) pero que deja mucho espacio para la creatividad, la amabilidad, y la amistad. A esto último lo denominamos “militancia gozosa”.

No obstante—y esto es VERDADERAMENTE importante para nosotros—si bien aquí trazamos una distinción, no estamos tratando de construir un simple binarismo. Afirmamos que el goce y la tristeza corresponden a una “ecología” porque siempre hay elementos de ambos en nuestros movimientos. Nadie es un “militante triste” o un “militante gozoso” en su totalidad: en nosotros conviven tanto la tristeza como el goce y se trata de cómo se componen mutuamente estos elementos, qué está centrado y cómo trabajan el uno en el otro. Además, esta discusión trata menos de los individuos y sus identificaciones, que de los espacios colectivos, los deseos y los movimientos. Argumentamos que “la militancia triste” es hegemónica; que hoy predomina en muchos espacios radicales exprimiendo posibilidades de convivencialidad y amistad. Estamos tratando de ofrecer una concepción de “militancia gozosa” basada en espacios, movimientos, pensadores y hacedores que nos han inspirado, si bien no existe una formula o un libro guía. Más importante aún, no nos proponemos sugerir un nuevo conjunto de normas que deban gobernar o regir el comportamiento de la gente en un sentido específico: esto conllevaría a un enorme fracaso. Deseamos que la militancia gozosa pueda permanecer ligera y vaga mientras ofrece algunas ideas útiles e inspiradoras para ser pensadas.

Preguntas a Gustavo Esteva

  1. ¿Cuál es tu reacción inicial a lo que escribimos arriba? ¿Cómo lo percibes? ¿Qué causó resonancia y que no? ¿Alguna parte en particular que te haya dado curiosidad? ¿Emocionado? ¿Molesto?

¡Se siente muy bien! Estoy emocionado y siento curiosidad sobre todo el asunto, sobre este enfoque que claramente resuena con mi teoría y práctica.

Su distinción entre el goce y la tristeza obviamente está enraizada en una vieja tradición, si bien presentada en una nueva forma, más clara, más abierta; ustedes escapan inmediatamente a la tentación de la separación binaria.

Puedo asociar esta propuesta y muchas de sus afirmaciones con mi propia experiencia.

En los últimos años, he venido usando un término en español que no funciona en inglés: sentipensar. Lo que está detrás de esta noción es que no es posible pensar sin sentir ni sentir sin pensar. Pero existe una convicción dominante y absurda según la cual se puede y debe separar el pensamiento del sentimiento para llegar, de ese modo, al “pensamiento científico”, “al pensamiento objetivo” etc., supuestamente separado de cualquier subjetividad o sentimiento y en consecuencia, un pensamiento más válido. Siento una profunda conexión entre nuestro sentipensar y su JM/SM.

Existe un serio reto en la propuesta: ¿Cómo asumirla y aplicarla sin caer en la tristeza, esto es, en clasificar, excluir y descalificar? En efecto, la idea es vivir de “una manera verdaderamente radical, creativa y gozosa”. En esta expresión ¿no estaremos descalificando los modos del “otro” que no son “verdaderamente” radicales? Debemos ser muy cuidadosos al decir lo que queremos decir.

Tengo un problema con las palabras “activismo” y “militancia”…que no podemos dejar de usar.

a) Activistas. Por un lado, la implicación militar: un activista es “un individuo que favorece, incita o demanda actividades intensificadas, particularmente, en tiempos de guerra” (Webster). Por el otro, el rol asumido por el activista es el de un “líder”. Un activista es una persona que activa a otras. Esto puede implicar que se piense que los demás, la gente, no son o están activos y, en consecuencia, que debamos activarlos. Con frecuencia esto es un error: la gente siempre está haciendo algo, se están moviendo. O, lo que es peor, se piensa que la gente se está moviendo aunque en la dirección equivocada y que uno conoce la dirección correcta. De nuevo, se trata de un tipo de vanguardia.

b) Militancia. La militancia no puede estar desligada de la guerra, de lo militar. Militancia es: “1. Lucha; participa en la guerra; sirve como soldado. 2. De un carácter o disposición combativa o guerrera; listo y dispuesto a luchar.” La militancia corresponde a un “espíritu, actitud o política combativa” (Webster).

Cierto, estamos inmersos en una guerra. Los poderes dominantes están librando una guerra en la que nosotros, la gente, somos el enemigo ya identificado. En la actualidad, estamos sumidos en lo que los zapatistas denominan la Cuarta Guerra Mundial ¿Somos partícipes en dicha guerra? ¿Acaso estamos sirviendo como soldados? ¿Somos parte de uno de los bandos en disputa? “Escoge bien a tu enemigo”, dice un viejo proverbio árabe; “serás como él”. Si nuestro enemigo es un ejército, nos convertiremos en un ejército…

Algunos de nosotros (activistas, militantes) hemos sufrido la urgencia y la compulsión de hacer algo en contra de aquellos que nos oprimen (“el orden dominante”) y trabajamos por una sociedad decente, por un mundo distinto. Para muchos de nosotros es casi imposible resistir este impulso…y no queremos resistirlo: sentimos que nos hace humanos y protege nuestra dignidad. Sin embargo, con mucha frecuencia este impulso nos forma como militantes tristes y destruye el goce de estar vivo, luchando (luchar es soñar).

En mi caso, luego de un largo y sólido periodo de militancia triste, el camino para escapar de esta condición fue triple:

a) Mi experiencia con la gente. Incapaz de comprender lo que estaba observando y experimentando en mis actividades en comunidades y barrios con los lentes y las categorías en las que fui educado, removí dichos lentes y comencé a ver y experimentar un mundo totalmente nuevo, lleno de goce, creatividad y convivialidad.

b) Mi tardío descubrimiento del Anti-Oedipus: Capitalismo y Esquizofrenia, de Deleuze y Guattari y, particularmente, el prefacio de Michel Foucault, abrieron mi corazón. Para Foucault el libro propone algunas de las preguntas ya implícitas en su presentación: “¿Cómo introduce uno el deseo en el pensamiento, en el discurso, en la acción? ¿Cómo puede y debe el deseo desplegar sus fuerzas dentro del dominio político, y crecer más intenso en el proceso de derrumbar el orden establecido? Ars erotica, ars theortica, ars política.” No fue fácil leer el libro mismo; quizá es demasiado francés y está demasiado localizado en un contexto intelectual específico de cierto momento y lugar. Pero se trata de un trabajo fascinante y a la vez útil. Tal como Foucault clarifica en el prefacio, el libro combate tres adversarios: el militante triste, los técnicos del deseo (psicoanalistas y semiólogos) y el fascismo, particularmente “el fascismo en todos nosotros, en nuestras cabezas y en nuestro comportamiento diario, el fascismo causante de nuestro amor al poder, de desear la cosa misma que nos domina y explota.” Y declara con firmeza: “no piensen que uno debe estar triste para ser militante, a pesar de que aquello que uno combate sea abominable.” (Al final de la sección incluyo los fragmentos de este texto que considero más pertinentes para nuestra reflexión de hoy).

c) Lo más importante, lo que parece ser la frase más radical de los Zapatistas: “Somos mujeres y hombres, niños y ancianos bastante comunes, es decir, rebeldes, inconformes, incómodos, soñadores” (La Jornada, 4 de Agosto de 1999). Con los Zapatistas hemos aprendido a ser activados por hombres y mujeres ordinarios y aceptamos su liderazgo…en lugar de intentar liderearlos, como activistas, organizadores, etc. Y aprendimos con ellos, con la gente, cómo transformar nuestra militancia en una lucha gozosa, pacífica. Esta fue, tal vez, la cura “final” (espero) en contra del leninismo que guiaba mis actividades políticas y de hecho toda mi vida hasta mediados de los 80´s—aunque subrepticiamente presente en los 90’s.

  1. ¿Cómo has llegado a lidiar con la militancia triste/gozosa?¿De qué manera emergió como algo hacia lo cual orientas tu trabajo?¿Cómo llegaste hasta aquí?

Como la mayoría de cosas en mi vida, llegué hasta “ese” punto a través de la práctica, de la experiencia.

En los 60´s, cuando me asocié con un grupo en proceso de organizar una guerrilla en México, cuyos miembros se asumían a sí mismos como la vanguardia del proletariado—pues poseían el programa revolucionario—me encontraba totalmente inmerso en lo que ahora denominamos la militancia triste. Nuestro “programa” era obviamente una construcción intelectual en el marco de la tradición leninista. Ya teníamos nuestra crítica al stalinismo, etc. pero aún nos encontrábamos en la tradición de tratar de tomar el poder del Estado a través de una revolución de arriba hacia abajo, a través de la ingeniería social. Nos preparábamos (entrenamiento militar, etc.) y organizábamos el núcleo revolucionario. Puedo aplicar la descripción que ustedes hacen a la experiencia: “perfeccionismo, sospecha, cinismo, miedo, purismo ideológico, competencia, carrera por el radicalismo, miedo a los errores/humillación, odio-de-sí-mismo…” Por supuesto, como ustedes señalan, había momentos o condiciones de goce, risa, emoción intensificada, regocijo…El ambiente de conspiración y clandestinidad, sumado a una ideología compartida, crearon una camaradería real y episodios de gozo, si bien era claro que la experiencia en sí misma era pura militancia triste: “crear límites, trazar distinciones, comparar, hacer planes y así sucesivamente.” Algún día compartiré muchas historias de aquella fase de mi vida que ilustran muy bien esto. La manera como terminó toda la experiencia lo ilustra mejor que cualquiera de aquellas historias: uno de nuestros líderes asesinó a otro líder por una mujer. Para nosotros, el episodio evidenció el tipo de violencia que estábamos acumulando en nosotros y que queríamos imponer en toda la sociedad. En el entrenamiento militar, para una milicia o guerrilla, aprender cómo usar un arma es fácil; lo que resulta difícil es aprender a matar a alguien a sangre fría, alguien como uno, que no hizo nada personal en contra de uno…Nada más triste que esto.

El goce de vivir, la pasión por las fiestas, la capacidad de expresar emociones, el clima social que encontré en las iniciativas y movimientos de la gente en los pueblos y barrios, en medio de una extrema miseria, empezaron a cambiar mis actitudes. Mi participación en diferentes tipos de movimientos campesinos y de marginales urbanos me dio una aproximación radicalmente distinta. El punto de quiebre fue tal vez la explosión de autonomía y auto-organización luego del terremoto de 1985 en la Ciudad de México. Se convirtió en una experiencia que cambió mi vida. Las víctimas del terremoto sufrían todo tipo de apuros y dificultades. Habían perdido amigos y seres queridos, sus hogares, sus posesiones, casi todo. La reconstrucción convivial de sus vidas y culturas no hubiera sido posible sin la increíble pasión por la vida que mostraban en cada momento. Esta pasión tenía expresiones políticas muy poderosas y fue la semilla de increíbles movimientos sociales. En los años siguientes, el equilibrio de fuerzas cambió en la Ciudad de México, a esas alturas un monstruoso asentamiento de unos 15 millones de personas. Existía un contraste radical entre la guerrilla y estos movimientos. Para mí, la noción misma de militancia cambió: no estaba asociada ya con una organización, un partido, una ideología y menos aún, una guerra…se trataba de un acto de amor.

  1. ¿Cuál ha sido tu experiencia de militancia triste en la vida cotidiana—y específicamente en espacios radicales?

En los 60´s, en la preparación de nuestra guerrilla, un aspecto importante del entrenamiento era llevar nuestro compromiso ideológico y los principios de nuestra formación como aspirantes guerrilleros, a nuestra vida diaria. Esta actitud trajo frialdad, separación, tristeza…

Emma Goldman expresó todo esto de una manera hermosa:

En los bailes yo era una de las más incansables y joviales. Una noche, un primo de Sasha, un muchacho, me llevó a un rincón. Con una cara muy seria, como si estuviera a punto de anunciar la muerte de un querido camarada, me susurró que el baile no era propio de un agitador. Ciertamente, no con tan imprudente abandono. Era indigno para alguien que estaba en camino de convertirse en una fuerza del movimiento anarquista. Mi frivolidad sólo podía perjudicar la Causa.

Me enfurecí por la descarada impertinencia del muchacho. Le dije que se ocupara de sus propios asuntos. Yo estaba cansada de que la Causa fuera constantemente arrojada en mi cara. No creía que una Causa que representaba un hermoso ideal, el anarquismo, la libertad y la liberación de las convenciones y los prejuicios, debiera exigir la negación de la vida y la alegría. Insistía en que nuestra Causa no podía esperar que me convirtiera en una monja y que el movimiento no podía convertirse en un claustro. Si eso era lo que significaba, yo no lo quería. “Quiero libertad, el derecho a la libre expresión, el derecho de todos a cosas bellas y radiantes.” Eso era lo que el anarquismo significaba para mí, y lo viviría a pesar de todo el mundo – las cárceles, la persecución, todo. Sí, incluso a pesar de la condena de mis compañeros más cercanos, yo viviría mi bello ideal.”

 

Un punto muy importante es que en la práctica de la militancia triste es casi inevitable enamorarse del poder. Uno está intentando tomarlo—del Estado—o crear su propio poder, “el poder de la gente”, “el poder popular”. Y esta obsesión, este fascismo, es aplicado a la vida en familia, con los amigos, con todo el mundo. Es bien sabido que hombres radicales y progresistas pueden ser feudales en sus hogares, en las actitudes con sus esposas e hijos. El machismo está en todas partes en la militancia triste.

 

a. ¿Qué sostiene la militancia triste?

El dogmatismo, incluso el fundamentalismo, la fuerte convicción de que se posee la verdad, la verdad objetiva, la verdad científica – y que la teoría guía la práctica: usted debe obedecer la teoría, el programa, las ideas…

b. ¿Qué la provoca o la inspira? ¿Qué genera su dispersión?

La separación de medios y fines. El gozo es proyectado hacia el futuro—la tierra prometida, la nueva sociedad—y cualquier medio es aceptado para realizar esos altos ideales, medios que pueden ser terribles y muy tristes: asesinar, traicionar, oprimir…Se trata de un asunto muy serio y se debe empeñar todo el esfuerzo, la energía, los sentimientos, las conexiones, etc. para alcanzar el fin revolucionario, subordinando a él cada minuto, cada emoción, cada amor…

Es contagioso. Por supuesto, hay algún tipo de complacencia en esta actitud: uno está salvando el mundo, está luchando en contra de un enemigo identificado, está ofreciendo el sacrificio de su propia vida por el bien común, etc. etc. Pero pueden cometerse los peores crímenes y tener una vida triste en este esfuerzo.

  1. ¿Cuál ha sido tu experiencia en la militancia gozosa? ¿Puedes hablar acerca de los zapatistas y el uso de esta táctica?

Los zapatistas son, por supuesto, el ejemplo perfecto de una actitud alternativa.

En una carta a gente de Argentina en el año 2003, el Subcomandante Marcos escribió:

Ocurre a veces que a uno se le olvidan esos puntos y rayas que en los mapas marcan las fronteras…Todos los científicos saben que la música, el baile, la comida y el sentimiento son ingredientes fundamentales para la construcción de eso que algunos llaman utopía, pero que es posible y es necesario: un mundo nuevo, es decir, mejor. Aquí en México, lugar de transgresores del olvido y profesionales de la esperanza, hay algunos seres humanos que nos hemos propuesto desvelar a los poderosos haciendo una fiesta que algunos despistados llaman alzamiento y que no es otra cosa que el baile común de la dignidad. El baile en el que el ser humano es, y es humano. 

En una carta a Eric Jauffret del 5 de julio de 1995, el subcomandate Marcos escribió:

No estamos peleando con las armas. Pelean nuestro ejemplo y nuestra dignidad. En las pláticas de paz los delegados gubernamentales han confesado que han estudiado mucho qué es eso de la dignidad y que no han podido entenderlo. Piden a los delegados zapatistas que les expliquen qué es la dignidad. Los zapatistas ríen, después de meses de dolor ríen. Sus risas resuenan y se escapan hasta los altos muros en los que la soberbia esconde su miedo. Siguen riendo los delegados zapatistas cuando el encuentro termina, ríen cuando informan a los demás de lo ocurrido. Todos los que escuchan el informe ríen, la risa recompone los rostros que el hambre y el desengaño han endurecido. Ríen los zapatistas en las montañas del sureste mexicano y el cielo no puede menos que contagiarse de esa risa y se suelta a las carcajadas. Tanto ríe el cielo que se le salen las lágrimas y empieza a llover como si la risa fuera un regalo para la tierra seca… Con tanta risa lloviendo, ¿quién puede perder? ¿Quién merece perder?

En diciembre del año 2007, en su intervención en el simposio en honor a Andrés Aubry, el subcomandante Marcos compartió que una joven mujer le había dicho algunos años atrás: “si su revolución no sabe cómo danzar, no me inviten a su revolución.” Esta es, probablemente, la variación de una afirmación comúnmente atribuida a Emma Goldman—una declaración con numerosas variaciones: ¡si no puedo bailar, no es mi revolución!; ¡si no puedo bailar, no quiero su revolución!; si no puedo bailar, no quiero hacer parte de su revolución; una revolución sin baile no es una revolución que valga la pena; si no hay baile en la revolución, no vendré.

Sin embargo, ninguna cita puede ilustrar el carácter del Zapatismo como una militancia gozosa tanto como la vida diaria de las comunidades zapatistas. Sí, uno quiere tener el increíble sentido del humor del subcomandante Marcos y muchos comandantes y comandantas. Pero no hay nada como el gozo y la libertad de los niños en las comunidades zapatistas. Los zapatistas trabajan mucho, cada día, y deben lidiar con todo tipo de dificultados, restricciones y agresiones. Tienen verdaderos motivos para estar tristes. Y saben cómo llorar. Pero ríen todo el tiempo y tienen espacios amplios de creatividad, hospitalidad, amor. No hay evento en el que no haya fiesta. Han creado una sociedad convivial, acaso la primera. Usamos el término estética para aludir al ideal de belleza. El sentido etimológico, casi perdido, asocia el término con la intensidad de la experiencia sensual; significa percepción, agudeza en los sentidos. Dicho significado está retenido en palabras como anestesia. Al comparar un funeral en una familia moderna de clase media y en un pueblo en México o India, podemos apreciar el contraste en como uno expresa o no sus sentimientos y como el goce y la tristeza pueden combinarse con gran intensidad.

El zapatismo es claramente un movimiento estético, tanto por su belleza como por la intensidad de los sentidos en él.

a. ¿Qué lo inspira/estimula/sostiene?

De nuevo, una importante lección de los zapatistas. Si no se separan los medios de los fines, la lucha encarna y toma la forma del resultado. Si se está buscando una sociedad sin violencia, no se emplea la violencia en la lucha. El gozo, el amor, la bondad, todo lo que se desea en una sociedad decente que se intente crear se trasluce en la militancia, las acciones reales e inmediatas de la lucha.

b. ¿Cómo tratas de incorporarlo?

Gandhi dijo esto bellamente: sé el cambio que deseas para el mundo. En lugar de predicar, de decirle a todo el mundo lo que debe hacer, calificando o descalificando a todos, necesitamos orientar el esfuerzo y energía a identificar al “enemigo” y luchar en su contra. Yo intento hacer el tipo de cosas en las que creo y de encarnar, en mi vida diaria, las actitudes y prácticas de la nueva sociedad de la forma en la que la imagino.

Por mucho tiempo, he intentado aplicar en mi vida diaria el consejo de Paul Goodman:

Suponga que tiene ya la revolución sobre la que habla y sueña. Suponga que su bando ha ganado y que ha alcanzado el tipo sociedad que deseaba ¿cómo viviría usted, personalmente, en tal sociedad? ¡Comience a vivir de ese modo ahora mismo!

  1. Dado que nosotros consideramos que el gozo y la tristeza están siempre moviéndose y cambiando hacia nuevas configuraciones, sentimos curiosidad sobre cómo tienen lugar estos cambios. ¿Has visto lugares, conversaciones o prácticas cambiar de una militancia gozosa a una militancia triste, o viceversa? ¿Qué conduce a estos cambios?

Sí, continuamente, día tras día y casi una hora tras otra, en la Comuna de Oaxaca, nuestra experiencia del año 2006. Nuestro movimiento se convirtió en un enfrentamiento continuo entre los propios grupos auto-organizados y autónomos, y una variedad de organizaciones con estructuras verticales—sindicatos, “vanguardias”, etc.—muchos de los cuales pueden ser típicamente descritos como militancias tristes. Hubo una constante fluctuación y cambio. Considero que el principal factor que produjo los cambios hacia una militancia triste era el poder, la lucha por el poder, la manera en la que muchos militantes reflejaban el poder contra el cual nos revelamos, en lo que ellos mismos veían como la construcción del “poder popular”. Dicha lucha con frecuencia era proyectada dentro del movimiento, cuando los militantes competían por el poder y transformaban a sus camaradas en enemigos, como una expresión de rivalidad. De la misma forma, el cambio hacia una militancia gozosa vino de la creatividad y el gozo de las mismas personas. En la estación de radio que controlábamos teníamos una sección muy popular: “Amor de Barricada”, bellas historias de amor que emergían en las noches de barricada, cuando los jóvenes se preparaban para defender el barrio de la policía y los matones del gobernador. Mucha ingenuidad y creatividad surgiendo desde la gente, se convirtió en un límite a las acciones impuestas por los militantes tristes.

  1. Una percepción común con la cual hemos estado lidiando es que la militancia gozosa es ingenua—la pura incapacidad de apreciar lo mal que están las cosas (si no estás triste/furioso/cínico no estás prestando atención) — ¿Cómo reaccionas frente a esto?

La crítica tiene una base: debemos ser continuamente conscientes del horror, no ocultarlo…tal como lo hace el “sistema”. La reacción: la ironía, la risa, la ridiculización… Cuando Galeano dice: “Quien no tiene miedo del hambre, tiene miedo de la comida”, y yo comento esta afirmación diciendo: “no podemos esperar una epifanía moral de los ejecutivos de Monsanto y WalMart”, estamos reparando en el horror y combinando nuestra conciencia de lo que ocurre con el goce de burlarnos de eso y hacer nuestras propias cosas.

  1. También existe una percepción según la cual la militancia gozosa es apenas un síntoma de privilegio (en el contexto norteamericano).

 

a. ¿Qué piensas acerca de la militancia gozosa en un contexto de privilegio y opresión?

Mi sensación es que dicha percepción es un prejuicio. El pobre y oprimido “deben” sentir tristeza. Aprendí militancia triste con personas altamente educadas, profesionales de clase media, entre otros. Por otro lado, aprendí de la militancia gozosa con los marginales urbanos, los campesinos y particularmente, los pueblos indígenas—bajo extrema opresión y miseria.

b. ¿Qué piensas acerca de la militancia gozosa en el contexto de las divisiones del colonialismo, las divisiones en razón de la edad, el hetero-patriarcado, el racismo, el ableismo, etc.?

¡Es lo que puede borrar esas divisiones! ¡Es la salida!

 

 

ALGUNAS CITAS PERTINENTES

El radicalismo no es “un cierto conjunto de ideas; antes bien, se trata de una actitud, un enfoque” que duda de todo y está abierto al “cuestionamiento crítico de todas las suposiciones e instituciones que se han convertido en ídolos en nombre del sentido común, la lógica y lo que se supone es natural…Duda radical como un proceso de liberación del pensamiento idólatra; una expansión del despertar, de la visión imaginativa y creativa de nuestras posibilidad y opciones…la aproximación radical…comienza en las raíces”, por ejemplo, el orden, “pero hablamos del hombre como un proceso;…de su potencial para desarrollar todos sus poderes; aquellos que potencian una mayor intensidad del ser, mayor armonía, más amor, mayor consciencia. También hablamos de un hombre que cuyo poder de actuar puede corromperse cuando se transforma en la pasión de ejercer poder sobre los otros, de su amor a la vida degenerada en la pasión de destruir la vida” ” (“Introduction”, by Erich Fromm, in Ivan Illich, Celebration of Awareness, London: Marion Boyars, 1972, pp.7-9).

Este llamado a encarar los hechos, en lugar de lidiar con las ilusiones—vivir el cambio, en lugar de depender de la ingeniería—es un intento de re-introducir la palabra “celebración” en el lenguaje ordinario…Descubrir…lo que debemos hacer para usar el poder de la humanidad para crear la humanidad misma, la dignidad y el goce en cada uno de nosotros” ” (“A Call to Celebration” in Illich, Celebration of Awareness, p.14-5)

En español, el término convivial busca ahora acompañar la jovial ebriedad, que se distingue de aquel sentido indicado en el OED, y se opone al austero significado de la moderna eutrapelia al cual estoy apuntando. (OED: de o perteneciente a una fiesta o banquete…festejo o compañerismo jovial; entusiasta de lafiesta yla buena compañía; dispuesto adisfrutar dela sociedadfestiva; festivo; jovial)…La ”austeridad”…también ha sido degradada y ha adquirido un gusto amargo si bien para Aristóteles y Aquino era el fundamento de la amistad…Tomás se ocupa del juego creativo y disciplinado…una virtud que no excluye todos los disfrutes sino sólo aquellos que distraen o destruyen la relación entre las personas. Para Tomás la “austeridad” es una parte complementaria de una virtud más amplia que denomina amistad o alegría. Es fruto de una comprensión según la cual las cosas o herramientas pueden destruir en lugar de ampliar la eutrapelia (aptitud de jugar con gracia) en las relaciones personales. (Ivan Illich, Tools for conviviality, New York/Evanston/San Francisco/London: Harper & Row, 1973, pp, xxiv-xxv).

DEL PREFACIO DE FOUCAULT PARA EL ANTI-EDIPO

De ahí los tres adversarios a los cuales El Anti-Edipo se halla confrontado. Tres adversarios que no poseen la misma fuerza, que representan grados variables de peligro, y que el libro combate de diferentes maneras:

1. Los ascetas políticos, los militantes tristes, los terroristas de la teoría, aquellos que quisieran preservar el orden puro de la política y del discurso político. Los burócratas de la revolución y los funcionarios de la Verdad.

2. Los lamentables técnicos del deseo—los psicoanalistas y semiólogos de cada signo y síntoma—quienes desean reducir la multiplicidad del deseo a la ley binaria de la estructura y la falta.

3. Por último, aunque no menos importante, el enemigo mayor, el adversario estratégico, el fascismo (ya que la oposición del Anti-Edipo a sus enemigos es más bien un combate táctico). Y no solamente el fascismo histórico, el fascismo de Hitler y Mussolini—que fue capaz de movilizar el deseo de las masas de una manera tan efectiva—sino también el fascismo en todos nosotros que habita en nuestros espíritus y está presente  en nuestra conducta cotidiana, el fascismo que nos hace amar el poder,  desear  esa cosa misma que nos domina y nos explota.

Diría que el Anti-Edipo (ojalá sus autores me dispensen) es un libro de ética, el primer libro de ética escrito en Francia en mucho tiempo (quizá, esto explique la razón por la cual su éxito no se limitó a un público en particular: ser anti-Edipo se ha convertido en un estilo de vida, en un modo de pensar y vivir).

¿Cómo hacer para no convertirse enfascistaincluso cuando(especialmente cuando)uno se considera a sí mismo como un militanterevolucionario? ¿Cómo liberar nuestra palabra y nuestros actos, nuestros corazones y nuestros placeres, del fascismo? ¿Cómo arrancar el fascismo incrustado en nuestro comportamiento? Losmoralistas cristianosbuscabanlas huellas dela carnealojadas profundamentedentro del alma. Deleuze y Guattari, por su parte, buscan hasta el más mínimo rastrodelfascismo enel cuerpo.

Rindiendo un modesto homenaje a San Francisco de Sales, uno podría afirmar que el Anti-Edipo es una Introducción a la vida No-Fascista.

Este arte de vivir contra todas las formas defascismo presenteso en estado latente aplica unaserie de principiosesenciales queyoresumiríade la siguiente manera, si tratara de convertir estegran libroen un manualo guía parala vida cotidiana:

  • Libera la acción política de toda paranoia unitaria o totalizante.

 

  • Desarrolla la acción, el pensamiento y los deseos por la vía de la proliferación, la yuxtaposición y la disyunción, y no por la vía de la subdivisión y la jerarquización piramidal.

 

  • Retirar la lealtad de las viejas categorías de lo Negativo(la ley, el límite, la castración, la carencia, el vacío) que el pensamiento occidental   ha sacralizado durante  tanto tiempo  como forma de  poder y modo de acceso a la realidad. Preferir aquello  que es positivo y múltiple, la diferencia a la uniformidad, los flujos a las unidades, los arreglos móviles a los sistemas. Considerar que lo que es  productivo no es sedentario sino nomádico.

 

  • No pensar que uno debe estar triste para ser militante, aunque lo que  se combate sea abominable. La conexión del deseo con la realidad (y no su retirada a las formas de la representación)  es lo que realmente posee una fuerza revolucionaria.

 

  • No usar el pensamiento para aterrizar la práctica política en la Verdad; ni la acción política para desacreditar, como mera especulación, una línea de pensamiento. Utilizar la práctica política como un intensificador del pensamiento, y el análisis como un multiplicador de las formas y de los campos para la intervención de la acción política.

 

  • No demandar de la política que restaure los “derechos” del individuo según han sido definidos por la   filosofía. El individuo es producto del poder. Lo que se requiere es “desindividualizar” diversas combinaciones por medio de la multiplicación y el desplazamiento. El grupo no debe ser el vínculo orgánico que une a  individuos jerarquizados, sino un  constante generador  de “desindividualización”.

 

  • No llegar a enamorarse del poder.

 

 

 

 

 

1 JM o Joyful Militancy (en inglés) aquí traducido como Militancia Gozosa. SM-Sad Militancy, aquí Militancia Triste. N. del T.

 

About Pancho

To live in radical joyous shared servanthood to unify humanity.
This entry was posted in ahimsa, anarchism, anarchy, astrobiology, education, fearlessness, gift-economy, natural philosophy, noncooperation, nonviolence, Peace Army, satyagraha, Shanti Sena, soulforce and tagged , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink.

3 Responses to La Ecología del Gozo en Nuestros Movimientos y Espacios Radicales

  1. Pingback: The Ecology Of Joy In Our Radical Movements and Spaces | Earthling Opinion

  2. Pingback: Arrested For Telling Your Name? | Earthling Opinion

  3. Pingback: A Gift for Tatiana, Oscar Grant’s Daughter | Earthling Opinion

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s