Un Gran Árbol / A Great Tree

por Pedro Pablo Sacristán  (Apr 3, 2014)  [English below]

Collage-TreeHubo una vez un rey que tenía un gran palacio cuyos jardines eran realmente maravillosos. Allí vivían miles de animales de cientos de especies distintas, de gran variedad y colorido, que convertían aquel lugar en una especie de paraíso del que tod@s disfrutaban.

Sólo una cosa en aquellos jardines disgustaba al rey: prácticamente en el centro del lugar se veían los restos de lo que siglos atrás había sido un inmenso árbol, pero que ahora lucía apagado y casi seco, restando brillantez y color al conjunto. Tanto le molestaba, que finalmente ordenó cortarlo y sustituirlo por un precioso juego de fuentes.

Algún tiempo después, un astuto noble estuvo visitando al rey en su palacio. Y en un momento le dijo disimuladamente al oído:

– Majestad, eres el más astuto de los hombres. En todas partes se oye hablar de la belleza de estos jardines y la multitud de animales que los recorren. Pero en el tiempo que llevo aquí, apenas he podido ver otra cosa que no fuera esta fuente y unos pocos pajarillos… ¡Qué gran engaño!

El rey, que nunca pretendió engañar a nadie, descubrió con horror que era verdad lo que decía el noble. Llevaban tantos meses admirando las fuentes, que no se habían dado cuenta de que apenas quedaban unos pocos animales. Sin perder un segundo, mandó llamar a los expertos y sabios de la corte. El rey tuvo que escuchar muchas mentiras, inventos y suposiciones, pero nada que pudiera explicar lo sucedido. Ni siquiera la gran recompensa que ofreció el rey permitió recuperar el esplendor de los jardines reales.

Muchos años después, una joven se presentó ante el rey asegurando que podría explicar lo sucedido y recuperar los animales.

– Lo que pasó con su jardín es que no tenía suficientes excrementos, majestad. Sobre todo de polilla.

Todos los presentes rieron el chiste de la joven. Los guardias se disponían a expulsarla cuando el rey se los impidió.

– Quiero escuchar la historia. De las mil mentiras que he oído, ninguna había empezado así.

La joven siguió muy seria y comenzó a explicar cómo los grandes animales de aquellos jardines se alimentaban principalmente de pequeños pájaros de vivos colores, que debían su aspecto a su comida, compuesta por unos coloridos gusanos que a su vez se alimentaban de varias especies rarísimas de plantas y flores que sólo podían crecer en aquel lugar del mundo, siempre que hubiera suficiente excremento de polillas… y así siguió contando cómo las polillas también eran la base de la comida de muchos otros pájaros, cuyos excrementos hacían surgir nuevas especies de plantas que alimentaban otros insectos y animales, que a su vez eran vitales para la existencia de otras especies… Y hubiera seguido hablando sin parar, si el rey no hubiera gritado.

– ¡Basta! ¿Y se puede saber cómo sabes tú todas esas cosas, siendo tan joven?- preguntó.

– Pues porque ahora todo ese jardín ahora está en mi casa. Antes de haber nacido yo, mi padre recuperó aquel viejo árbol arrancado del centro de los jardines reales y lo plantó en su jardín. Desde entonces, cada primavera, de aquel árbol surgen miles y miles de polillas. Con el tiempo, las polillas atrajeron los pájaros, y surgieron nuevas plantas y árboles, que fueron comida de otros animales, que a su vez lo fueron de otros… Y ahora, la antigua casa de mi padre está llena de vida y color. Todo fue por las polillas del gran árbol.

– ¡Excelente! –exclamó el rey. Ahora podré recuperar mis jardines. Y a tí, te haré rica. Asegúrate de que dentro de una semana todo esté listo. Utiliza tantos hombres como necesites.

– Me temo que no podrá ser majestad –dijo la joven. Si quiere, puedo intentar volver a recrear los jardines, pero no vivirá para verlo. Hacen falta muchísimos años para recuperar el equilibrio natural. Con mucha suerte, cuando yo sea anciana podría estar listo. Esas cosas no dependen de cuántos hombres trabajen en ellas.

El rostro del anciano rey se quedó triste y pensativo, comprendiendo lo delicado que es el equilibrio de la naturaleza y lo imprudente que fue al romperlo tan alegremente. Pero amaba tanto aquellos jardines y aquellos animales, que decidió construir un inmenso palacio junto a las tierras de la joven. Y con miles de hombres trabajando en la obra, pudo verla terminada en muchísimo menos tiempo del que hubiera sido necesario para reestablecer el equilibrio natural de aquellos jardines en cualquier otro lugar.

–Pedro Pablo Sacristán en cuentos para dormir “El Jardín Natural.”

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There was once a king who had a great palace with wonderful gardens. In those gardens there lived thousands of creatures from hundreds of different species. They were of great variety and colour, and they turned that place into a kind of paradise that everyone could enjoy.

There was only one thing in those gardens that the king disliked: near the centre stood the remains of what had been, centuries ago, a huge tree, but that now was withered and dry, and detracted from the colour and beauty of its surroundings. This bothered the king so much that he finally ordered it to be cut down and replaced by a beautiful series of fountains.

Some time later, a wise noble was visiting the king at his palace. He whispered in the king’s ear:

-“Majesty, you are the wisest of men. Everywhere one hears talk of the beauty of these gardens and the multitude of creatures that populate them. But during the time I’ve spent here, I’ve hardly seen anything other than this fountain and just a few small birds… What a deception!”

The king, who never tried to deceive anyone, found, to his horror, that what the noble had told him was true. They had spent so many months admiring the fountains that they hadn’t realised that hardly any animals remained in the gardens. Without wasting time he sent for the court’s experts and advisers. The king had to listen to many lies, inventions and assumptions, but nothing could explain what had happened. Not even the great reward offered by the king managed to recuperate the royal gardens’ former splendour.

Many years later, a young woman presented herself to the king, assuring her that she could explain what had happened, and how the animals could be returned.

-“What happened with your garden is that there just wasn’t enough manure, your majesty. Particularly moth manure.”

All those present laughed at the young woman’s joke. The guards got ready to throw her out, but the king stopped them.

-“I want to hear what you have to say. From the thousand lies I’ve heard, none have begun like that.”

The young woman continued, very serious, and started explaining how the gardens’ big animals fed mainly on the little brightly-coloured birds, who owed their appearance to their own food, composed of colourful worms, who in turn fed on various rare species of plants and flowers that could only grown in that part of the World, just so long as there was enough moth manure for them… and so he continued, telling how the moths were the basis of much food for many other birds, whose manure encouraged the appearance of new species of plants that fed other insects and animals, and which were, in turn, vital to the existence of other species… And the young woman would have kept speaking without pause if the king had not shouted.

-“Enough! And can you tell me how you know all these things, being so young?”

asked the king.

-“Well, because now all that garden is at my house. Before I was born my father collected that old tree you had torn out from the middle of the garden, and he planted it in our garden. Since then, every Spring, from out of that tree come thousands and thousands of moths. With time, the moths attracted the birds, and new plants and trees grew, providing food for other animals that, in turn, provided food for others… And now, my father’s old place is filled with life and colour. All thanks to the moths from the great tree.”

-“Excellent!”

exclaimed the king,

-“Now I’ll be able to recover my gardens. And you, I’ll make you rich. Rest assured that within a week everything will be ready. Use as many men as you like.”

-“Your Majesty, I’m afraid that cannot be,”

said the young woman,

-“If you like I can try to recreate the gardens, but you will not live to see it. It will take many years for the natural balance to reestablish itself. With great good fortune perhaps I, when I’m old, will see it completed. Things like these do not depend on how many men work on them.”

The face of the old king was sad and pensive, understanding how delicate was the balance of nature, and how careless it had been to break it so happily. But he so loved those gardens and those creatures that he decided to build a huge palace next to the young woman’s land. And with thousands of women and men working on the construction, he managed to see the palace finished in much less time than would have been necessary to reestablish the balance of nature of that garden in any other place.

–Pedro Pablo Sacristán in “The Natural Garden

 

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To live in radical joyous shared servanthood to unify humanity.
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